sábado, 20 de abril de 2013

ENTRO A SER RECUERDO


El año 1980 estuvo signado por una serie de acontecimientos que terminarían por cambiar definitivamente el rumbo del automovilismo regional.
El 27 de febrero un grupo de clubes de la provincia constituyó la Federación Chubutense de Automovilismo con el fin de dar organización y fiscalización adecuada a la actividad.
Asi, el Auto Moto Club Comodoro Rivadavia, la Asociación de Volantes Mar y Valle de Trelew, el Auto Club Puerto Madryn, el Club Hipico Sargento Cabral de Gaiman y la Asociación de Volantes del Oeste del Chubut, de Esquel, conformaron lo que a partir de alli sería el ente rector del automovilismo provincial, eligiendo como presidente al titular del club de Comodoro Rivadavia, Julio Guerreiro.
Esta institución sería la que, con el correr del tiempo, organizaría las categorías, les daría reglamentos tecnicos y deportivos, establecería calendarios e impartiría justicia.

El TN 2000 inicia la carrera. Carlos Costilla y "Corcho" Kank, adelante y luego
Pipo Stefen, el flaco Mottino y don Carlos Ortiz.
Mientras tanto, en cada taller de Comodoro Rivadavia y la región ya se trabajaba intensamente para una nueva edición de la Doble Puerto Deseado, programada para el mes de abril.
Aquella Doble Puerto Deseado tuvo una caracteristica muy particular: cada categoría largo a un solo banderazo, esto es todos juntos, en una grilla de partida como si fuera en autódromo. Eso si, con veinte minutos de diferencia entre categorías.

Hector y Miriam Costilla al final de la carrera. Fueron los ganadores de la
categoría TN 2000.
(Foto: Diario Crónica)
 A las 9 de la mañana del 19 de abril arrancó el TN 800. Con la grilla armada con el clasico tres y dos que se utilizaba por aquellos tiempos. En la primera fila, Eduardo Leon, Manzel Jones y Raul Ercoreca. En la segunda, Agrelo y Di Feo; en la tercera Rivera, Juan Carlos Pires y Ogas; en la cuarta “El Pelado” y Martin Gallastegui; en la quinta, Irigoyen, Bellomo y Lewis; en la sexta, Tamos e Invernon; en la septima, Garcia, “El Canario” y Ruben Pires; en la octava, Aldama y Villamayor y en la ultima, “Borne Flojo”, Campano y Delia.
A las nueve y veinte, inicio la marcha el TN 2000, en filas de dos autos, con las parejas conformadas de la siguiente manera: Carlos Costilla-Kank, Mottino-Stefen, Cesarini-Ortiz, Barattini-Vernetti, Brazao-Gonzalez, Vargas-Bustos, Lola-Petrinoli, Martinez-Beramendi y Hector Costilla-Inchauspe.

Emilio Moratinos, siempre ganador. Aqui finalizando victorioso la última edición
de la Doble Puerto Deseado
(Foto: Gentileza Emilio Moratinos)
Por ultimo, a las diez menos veinte el Hot Rod puso proa a Puerto Deseado. Moratinos y Rojido en la primera fila y luego Rodríguez-Kutuk, Fernando Rodino-Grandoso, Giannotta-Gonzalez, Fernandez-Llanca, Arroyo-“Los Conejos”, Kaiser-Espeche, Saleme-Iturriza, Gomez-Regemburger, Vega-“Sandokan”, Arias-Fita, Arguelles-Mackensen, Panquilto-Vega, Quinteros-Andrade y Leske-Santana.
Veintitrés Fiat 600, 18 TN 2000 y 30 Hot Rod. Un total de 71 autos. Excelente.

Un ejemplo de espíritu deportivo por sobre los resultados. El inolvidable
Carlos Ortiz a punto de iniciar la carrera.
(Foto: Gentileza Carlos "Chango" Ortiz)
Al cierre del camino de ida, Mario “Chato” Ogas estaba adelante en la categoría menor, corriendo a 126,148 km/h y adelantandose a “El Pelado”, Roberto “Titin” Di Feo, Ignacio Gallastegui, Jorge “Tumba” Rivera, Ernesto Castro y Mario Bellomo.
Entre los autos de 2000cc de cilindrada, mandaba don Hector Costilla, que corría su carrera despedida del automovilismo, a mas de 175 km/h, seguido por su hijo Carlos, el Flaco Mottino, Quique Vargas, el Negro Vernetti, Carlos “Zorro” Martinez, Cacho Bustos, Enrique Stefen, Jorge Petrinoli, Cachi Taburini, Juan Jose “Corcho” Kank y Eduardo Gonzalez. Dominio total de Fiat en el primer tramo.

Juan Jose "Corcho" Kank y su Peugeot, listo para largar.
A su lado el Fiat de Carlitos Costilla.
(Foto: Gentileza Ricardo Vega)
En Hot Rod, cuando no, Emilio Moratinos delante de todos, a casi 189 km/h y después, Ramonin Fernandez, Avelino Panquilto, Orlando Rojido, Horacio “Potrillo” Vega, Argentino “Petete” Gonzalez, Julio Alberto Leske, “Sandokan” y Jorge Kutuk. A Puerto Deseado llegaron 43 autos.

Avelino Panquilto rumbo al punto de largada. Tuvo una gran carrera y
terminó como escolta de Moratinos.
(Foto: Gentileza Categoría Hot Rod)
 El 20 de abril se corrió en el circuito de Puerto Deseado y el 21 el regreso a Comodoro Rivadavia.
Mario Ogas se retrasa , “El Pelado” abandona y Titin Di Feo aprovecha y gana en TN 800, a 122,809 km/h. Jorge Rivera se queda con el segundo lugar, a 17m26s y Jose Agrelo mete su auto tercero, a 34m09s. Luego Mario Ogas, Juan Carlos Pires y Mario Bellomo.

Mario Rodriguez (102) y Jorge Kutuk a punto de largar. Kutuk fue octavo
y el "Chicato" no pudo llegar al final.
(Foto: Gentileza Ricardo Vega)
El final del TN 2000 fue sencillamente espectacular, cuando en tandem entraron las dos cupé Fiat 1500 de los Costilla. Hector adelante, como debía ser, ganando en su despedida. Carlitos atrás, como cuidando la espalda de su padre o tal vez como ofrendandole la victoria a ese hombre bueno que, arriba de un auto o desde la dirigencia, fue un gigante del automovilismo de Comodoro Rivadavia.

Emilio Moratinos, el ganador absoluto de la carrera,
antes de largar rumbo a Puerto Deseado.
(Foto: Gentileza Ricardo Vega)
Lo cierto es que Don Hector, que llevaba a su hija Miriam como acompañante, le ganó a Carlos, por apenas 28/100 de segundo, luego de transitar toda la carrera a casi 176 km/h.
En Hot Rod, Moratinos ganó con comodidad. A mas de 181 km/h le gano por 20 minutos a Avelino Panquilto, que aprovechó bien el abandono de Ramonin Fernandez para quedarse con un merecido segundo lugar. A 30m38s del ganador, quedo en tercer lugar el “Potrillo” Vega y luego “Sandokan”, Julio Alberto Leske, “Petete” Gonzalez, Jose Andrade, Jorge Kutuk, Angel Saleme, el veteranísimo Hector Grandoso y Roberto Regemburger.


Roberto y "Chiquito" Mackensen frente al Liceo Militar antes de largar.
Sus ilusiones se terminaron en la primera etapa.
(Foto: Gentileza Categoría Hot Rod)
Cuando el último de los autos participantes recibió la bandera a cuadros frente al Licéo Militar dando fin a la quinta edición de la Doble Puerto Deseado, esta maravillosa carrera entró a ser recuerdo. Las nuevas tendencias que apuntaban a encerrar los autos en autódromos o circuitos ruteros poco extensos iban, de a poco, clausurando una etapa gloriosa del automovilismo que andaba los caminos. 

Emilio Moratinos y Orlando Rojido aceleran a fondo, rumbo
a Puerto Deseado. El de Comodoro ganaría la carrera.
El de Caleta Olivia no llegaría a ver la bandera a cuadros.
(Foto: Gentileza Ricardo Vega)
Y esta carrera no fue ajena a ello. La Doble Puerto Deseado jamas se volvió a correr pero nunca entró en el olvido, por el contrario, se convirtió en uno de los iconos mas importantes de una epoca del automovilismo regional que ya no regresaría nunca mas.

lunes, 24 de enero de 2011

UN AÑO MUNDIAL

Algunos lo sabían y lo denunciaban. Terminaban exiliados en tierras extrañas, cuando no muertos o en el peor de los casos desaparecidos.
Otros tantos lo sabían pero lo callaban, por indiferencia algunos, por prudencia otros, por miedo los mas.
Muchos, ni siquiera tenían conciencia entonces que la Argentina atravesaba una de las etapas mas negras de su historia y necesitarían varios años para empezar a asomarse al horror de comprender un tiempo en que la vida de miles de argentinos no valía nada.
Era el año 1978, sombrío, oscuro. Era el año del Mundial de Fútbol en la Argentina que vino a iluminar demagógicamente la negra noche.

Carlos Costilla adelante y Mingo Garcias en la persecución transitando
la viborita del autódromo General San Martín en 1978

Fue el año que aquellos muchachos dirigidos por Cesar Luís Menotti le regalaron al país su primer título mundial en fútbol, conseguido por méritos propios, sin duda, aunque con la “ayudita de sus amigos”.
Lo cierto es que el primer semestre de 1978 fue virtualmente devorado por el fútbol que acaparó toda la atención y eclipsó cualquier otra actividad que fuera ajena a la pelota.
Pero eclipsar no significa anular, por eso, la gente del automovilismo siguió con lo suyo. En el país y en Comodoro Rivadavia.
El automovilismo regional padecía entonces de cierta anemia que era necesario curar. Había mucho por hacer y urgía no perder tiempo.
Para colmo de males, ni bien comenzaba el año 1978 la fría letra del diario del 27 de febrero comunicaba la infausta noticia: “Al estallar el motor de su lancha cuando promediaba la segunda etapa de la “Doble Pirámides”, murió el automovilista de Trelew, Ricardo “Cari” Torres.
Torres, cuyo cadáver es buscado en el mar por efectivos de Prefectura Naval Puerto Madryn y del Club de Buzos del Atlántico Sur, era uno de los mas promisorios valores del automovilismo regional, habiendo corrido el año pasado en la categoría C del Turismo Nacional, mientras que este año iba a incursionar en la categoría B.
La desaparición de Torres, que contaba con 25 años de edad, conmovió profundamente a los círculos deportivos de la ciudad de Trelew”.
Lacónica, terminante, la irreparablemente triste noticia golpeaba con crudeza. Diez días después, el 5 de marzo, un nutrido grupo de dirigentes, pilotos, preparadores y allegados al automovilismo despedían simbólicamente los restos de “Cari” Torres, cuyo cadáver jamás fue hallado, arrojando flores a las aguas del Golfo Nuevo, en Puerto Madryn.

Emilio Moratinos y Jorge Malo en dura lucha en el Autódromo General
San Martín, en 1978.
(Foto: Gentileza Emilio Moratinos)
Unos días antes de este episodio, el Club Los Andes se vio obligado a postergar la prueba de Hot Rod que había programado para el 3 de marzo, por falta de inscriptos.
Una semana después suspendió definitivamente la carrera cuando otra vez no pudo reunir una cantidad aceptable de participantes.
Los viejos y recurrentes conflictos del Hot Rod, volvían a manifestarse y esto llevó a la dirigencia del Auto Moto Club a convocar a una urgente reunión de pilotos de la categoría, en un intento por reorganizar la actividad tuerca en la ciudad.
Y de algo sirvió la reunión, porque el 16 de abril, al fin, pudo ponerse en marcha la temporada, aunque sin solucionar los problemas de fondo que volverían a hacer eclosión a mediados de año.
Lo cierto es que en la fecha apuntada se corrió en el autódromo General San Martín. Hot Rod y TN 800.
Mucha gente en el autódromo. Es que los fierreros estaban ávidos por ver automovilismo, habida cuenta que la última carrera corrida en Comodoro Rivadavia había sido en noviembre del año anterior.
En los Fiat 600, la victoria final, tras tres series por suma de tiempos, fue para Carlos “Zorro” Martínez tras una dura lucha con Mingo García que se definió en la última parte de la tercera serie cuando este último se retrasó por problemas mecánicos.
Martínez, corriendo a 118,678 km/h le ganó, al cabo de 15 vueltas, por algo más de 18 segundos a Enrique Martínez, por 36s2/10 a Chacho León y por más de un minuto a Osvaldo Hilgemberger. Mas atrás, Carlos Costilla, Cacho Bustos, Juan Abdala y Rubén Trobi.

Jorge "Loco" Malo adelante, Julio Bona en la persecución en plena viborita del General San Martín.
Fue en 1978, cuando el Hot Rod se mezclaba con el TC Patagónco
(Foto: Gentileza Categoría Hot Rod)

En Hot Rod, Emilio Moratinos debió esforzarse mucho en las dos primeras series para doblegar a Mario Vernetti que abandonó en la tercera y le dejo el triunfo servido al “Patagónico Volador”.
Moratinos, que seguía construyendo su mito, le ganó ese día por 20s2/10 a Eduardo Arroyo, Tercero fue Vernetti, a 30s8/10; cuarto, Argentino González, a 1m09s4/10; quinto Orlando Rojido a 1 vuelta; sexto el debutante Aníbal “Tito” Das Neves, corriendo el auto de “Don Pipo”; séptimo, Avelino Panquilto; octavo, Héctor Grandoso; noveno, Juan Santana y décimo, “Tiburón”.
Ese mismo día, en Río Gallegos, corrió el TC 5000. Fue victoria de Jorge Gorchs, con el Falcon angostado, seguido por Miguel Mayeste y el comodorense Héctor Costilla.
Después, un intento de carrera el 4 de junio que se frustró una vez más por la falta de inscriptos y nada más, hasta el mes de agosto. Al menos en Comodoro Rivadavia.
El 10 de julio llegó por segunda vez a la ciudad el más grande piloto que haya dado la historia del automovilismo argentino: Juan Manuel Fangio.
Esta vez, el quintuple campeón del mundo de formula 1 llegó para inaugurar el local de la firma Marcas Famosas, concesionaria oficial Mercedes Benz, marca de la cual Fangio era el máximo referente en la Argentina y América.

Chacho León y su Fiat 600, allá por 1978

El 23 de julio, el Hot Rod viajo a Puerto Madryn para compartir escenario con el incipiente TC Chubutense.
Una carrera en conjunto, corrida en el circuito de tierra que por entonces poseía la ciudad portuaria, que ganó el comodorense Jorge Malo, al comando del Mercury 56 de la Peña Salamanca, recientemente creada, escoltado por el TC Chubutense de Julio Cesar Bona.
En agosto, el Auto Moto Club hizo disputar una carrera diferente en el autódromo General San Martín. Las 3hs de TN 800.
La competencia se corrió en dos series de una hora y media de duración cada una, con la particularidad que se permitió la participación de dos pilotos por auto, aunque muy pocos se inclinaron por esta opción.
La primer serie fue un duelo mano a mano entre Carlos Martínez y Chacho León, en la que prevaleció, sobre el final, el popular “Zorro”, escoltado por León y dejando tercero, aunque un poco lejos a Carlos Costilla y cuarto al trelewense Manzel Jones.
La segunda serie fue un calco de la primera, solo que cuando parecía que todo estaba definido apareció uno de esos imprevistos que siempre tiene el automovilismo y que permiten seguir utilizando la vieja frase de “Toscanito” Marimon que las carreras se acaban con la bandera a cuadros.
Enfrascados en su lucha por la victoria, Martínez y León no vieron una mancha de aceite sobre el circuito y fueron los dos a parar afuera. Casi sin pensarlo, porque ya estaba conforme con el podio que lograba, Carlos Costilla heredó la punta y fue el primero en ver la cuadriculada.


Tras 95 vueltas de carrera, Costilla dejó atrás a Manzel Jones, Carlos Martínez, Chacho León, Carlos Ruiz, Juan Abdala, Enrique Martínez, Pedro Arranz, Cristóbal López y Poly Castañeda.
Entre los autos totalmente standard, la victoria fue para Mingo García, seguido, en muy buen trabajo por la joven de Esquel, Silvia Fernández; Jorge Solari, Ernesto Castro y Eduardo Galíndez
El 17 de agosto, en Buenos Aires, se puso en marcha una carrera de fantasía: el Rally Internacional Vuelta a la América del Sur.
Desde Buenos Aires, avanzó por Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile para retornar al país después de 39 días y 28.592 kilómetros de marcha.
Con autos de cuatro clases y topes de 1300, 1600, 2000 y 5000 cc, con 228.000 dólares en premios.
Largaron 58 de 65 anotados. Los agoreros decían que no terminaría nadie. Afortunadamente no fue así.
A las cero horas del aniversario de la muerte del General San Martín, arrancó, desde la sede del Automóvil Club Argentino, en la avenida del Libertador, el primer auto, el Mercedes Benz de Timo Makkinen y Jean Todt.
Primero a Montevideo y después a Asunción. El Rally no era broma y empezó a cobrar su precio.
Al desbarrancarse de un puente, cerca de Río Novo, perdía la vida el doctor Carlos Puppo, coordinador sanitario de la prueba.
Mas adelante, a la altura de Boa Vista, ya en Brasil, se estrellaba el Falcon número 405 y se mataba Norberto Mussini, uno de sus tripulantes.
A Bogotá llegaron 31 autos. A Santiago 29.
La caravana reingresó al país por Bariloche, apuntando a Ushuaia, para dibujar todo el sur antes de subir hacia Comodoro Rivadavia.
El 20 de septiembre, a las 23hs45m, el polaco Sovieslaw Zasada, viejo conocido de los argentinos, fue el primero en llegar a la Capital Nacional del Petróleo, para terminar la etapa frente a la sede del Automóvil Club Argentino. Tras el arribó Timo Makkinen, con huellas de un fuerte vuelco y terceros Fowkes-Kaiser.
Un día de descanso en Comodoro Rivadavia, para beneplácito de los amantes de los autos y luego otra vez al camino.
El Rally comenzó a irse de la ciudad a las cuatro de la tarde del 22 de septiembre, con la partida del primer auto.
Buenos Aires recibiría, finalmente, a 22 tripulaciones. Únicamente la categoría B (1600 cc) tendría un ganador de punta a punta: el Renault 12 TS tripulado por los argentinos Jorge Recalde y Jorge Baruscotti. En la categoría A se impusieron Nygaard-Reolon, de Brasil, con un VW 1300L. En la C, los peruanos Kube-Bradley, con un Toyota Corona RT 104 y en la D, Cowan-Malkin, con el Mercedes Benz 450SLC.
Ya en plena primavera, en el mes de octubre, el Auto Moto Club retomó la actividad poniendo en pista al TN 800 y al Hot Rod.
En una impresionante definición, el “Zorro” Martínez le gano a Mingo García por apenas 8/10 de segundo, dejando muy lejos al tercero, Cristóbal López, quien terminó a 43s5/10.
Mezclados en el segundo pelotón, Mario Ogas, Roberto Di Feo, Titin Ferre, Juan Santana, Chacho León y Carlos Costilla.
En Hot Rod, Emilio Moratinos ejecutó una obra maestra. Con problemas en su auto, no pudo clasificar, lo que lo obligó a largar la primera serie desde el último lugar. Desde allí construyó una victoria inmensa.
Al término de la primera batería ya estaba segundo, detrás de Jorge Malo. En la segunda, logró la punta de la carrera y en la tercera consolidó el triunfo por más de 7s de ventaja sobre Malo, corriendo a 131,194 km/h.
Tercero, aquel día fue Carlos Costilla; cuarto, “Petete” González; quinto, Enrique Lola, que comenzaba a aparecer con fuerza en la categoría; sexto, “Tito” Das Neves y mas atrás, Juan Santana, Eduardo Berthe, Mario González y alguien que en muy poco tiempo daría que hablar en el Hot Rod: Horacio “Potrillo” Vega, de Puerto Deseado.
Mientras esto sucedía, algunos pilotos y preparadores de Comodoro Rivadavia trabajaban en una nueva idea que el ambiente automovilístico conocía pero el gran público no.
El 25 de octubre, un grupo de esos hombres se encargo de hacer pública la movida: una nueva categoría para el automovilismo de la ciudad.
Se trataba del Turismo Nacional Promocional Standard que sus impulsores pretendían hacer debutar antes del final de ese año.
Eran automóviles de hasta dos litros de cilindrada, standards, de entre tres y ocho años de antigüedad. Fiat y Peugeot eran las marcas apuntadas para correr.
Pero no todas eran iniciativas para construir, algunas actitudes mezquinas estaban dañando y mucho la actividad.
Ante la escasa cantidad de inscriptos, el Club Los Andes se vio obligado nuevamente a suspender una prueba de Hot Rod programada en el circuito El Faro.
Lentamente, la categoría que muy poco tiempo antes se mostraba fuerte parecía encaminarse al suicidio, envuelta en disputas de poder internas y de instituciones.
Para que quede claro. El Hot Rod no corrió en El Faro por falta de inscriptos pero solo una semana después se presentó en el autódromo General San Martín, organizada por el Auto Moto Club.
Eso fue el 12 de noviembre, compartiendo la programación con el TN 800. En ambas categorías, ganadores repetidos. Carlos Martínez y Emilio Moratinos.
El “Zorro” subió al escalón mas alto del podio de los Fiat 600, acompañado por Carlos Costilla y Cristóbal López.
Moratinos, por su parte, dejó atrás a Jorge Malo, Argentino González, Orlando Rojido, Mario Rodríguez, Eladio Valle, Eduardo Arroyo, Carlos Costilla, Mario González y Tito Das Neves.
El 10 de diciembre la nueva categoría del automovilismo de Comodoro Rivadavia se mostró en sociedad con una presentación más que ambiciosa: las 4hs de Turismo Nacional.
Quince autos iniciaron aquella carrera inaugural en el autódromo General San Martín y once llegaron al final.
Carlos Mottino, montado sobre la cupé Fiat 125 armada por Victorino Viegas mandó en los primeros tramos de la carrera, hasta que rompió el motor, dejando la punta en manos de Emilio Moratinos, que corría el Peugeot 504 de Pipo Stefen, quien no la abandonó hasta el final.
Detrás del gran ídolo, que continuaba acrecentando su prestigio, una jauría de Fiat 125: Fredy Fuhr, de Río Gallegos; Mario Jones, Cristóbal López y Eladio Valle y luego Roberto Barattini, Osvaldo Hilgemberger y Juan José “Corcho” Kank, con Peugeot 504 y Eduardo Arroyo y Carlos Martínez, con Fiat.
Sin desentonar, la nueva categoría había debutado. A partir de allí viviría algunos años de esplendor hasta que, una vez más, las desinteligencias internas la fueron minando hasta hacerla desparecer. Pero para eso todavía faltaba un buen tiempo.
El fin de año se acercaba y el automovilismo se aprestaba a terminar su temporada. En Comodoro Rivadavia y en el país.
Precisamente el Turismo de Carretera cerraba su año con la disputa del Gran Premio, que definiría al campeón, entre dos hombres del equipo Ford: Héctor Luís Gradassi y Juan María Traverso.
Y esa definición iba a ser, ni más ni menos, en el autódromo General San Martín donde se correría la ultima etapa de la gran carrera.
El 10 de diciembre, desde Necochea, el Gran Premio se pudo en marcha, rumbo a Bahía Blanca. Triunfo de Gradassi, a 233 km/h de promedio, aventajando por 13s a Traverso.
La segunda etapa hasta Trelew. Otra vez Gradassi, que se escapaba en la punta, corriendo aun más rápido que el día anterior: 240 km/h. Una cosa de locos si usted recuerda las rutas de 1978.
La tercera etapa, entre Trelew y Esquel fue de Traverso, a más de 173 km/h, achicando muy poco la diferencia.
Después el cuarto parcial, el que llegó a Comodoro Rivadavia desde Esquel. Gradassi adelante, seguido de Héctor Fiorda. Traverso complicado por problemas de gomas llegaba sin embargo al final. No corrían la misma suerte Destéfanis, Loiocco, Von Wernich y Carnevali que quedaban detenidos en algún lugar del tramo.
El remate de aquel Gran Premio se integró con 30 vueltas al circuito de 3.764 metros del autódromo General San Martín, corrido el 17 de diciembre. Traverso se movió con mucha mas astucia que Gradassi, poniendo su auto para funcionar a plena velocidad en la pista.
Así descontó la diferencia que hasta allí acumulaba su compañero de equipo y le agregó 6m33s, mientras Saez terminó tercero.
Las diez primeras colocaciones las completaron Héctor Ríos, Enrique Bravi, Héctor Fiorda, Osvaldo Villaverde, Héctor Buzurro, Osvaldo Lynn y Osvaldo Ameal.
¿Sabe quién fue último en aquel Gran Premio, que vio solo 18 autos en el final? Un Dodge, conducido por un tal… Oscar Aventin.
Traverso le arruinó la fiesta del quinto campeonato a Gradassi y sumó su segundo título consecutivo en la categoría
Solo para la estadística vale mencionar el cierre de temporada del Hot Rod que disputó una carrera que jamás debió correrse, con muy pocos autos y un espectáculo pobrísimo, que solo sirvió para agregar una nueva victoria a la campaña de Emilio Moratinos que, por supuesto, fue el campeón de la categoría.

POR SIEMPRE VILARIÑO

Con el comienzo del año 1977 una nueva esperanza se ponía en marcha para los argentinos amantes del automovilismo. Carlos Alberto Reutemann iniciaba su ciclo en Ferrari, dejando atrás la frustrada experiencia de Lotus.
El 9 de enero, precisamente en nuestro país, Lole debutó con el rojo auto de Maranello en el autódromo de Buenos Aires en una carrera que ganó el sudafricano Jody Scheckter, con Wolf, y en la que ocupó el tercer lugar. Era un buen comienzo de campeonato que se fortalecería una semana después, cuando el hombre de Rafaela ganó por segunda vez en Interlagos y comenzó a proyectarse como uno de los candidatos al título.
El mismo día que Reutemann debutó con Ferrari, por estas latitudes Ramonin Fernández lograba una festejada victoria en el Hot Rod que se presentó en el circuito de Puerto Deseado.
Comenzando febrero, dos pilotos de Comodoro Rivadavia viajaron a Comandante Luís Piedrabuena para participar de una carrera de TC 5000, que ganó el riogalleguense Miguel Mayeste.
Uno de los comodorenses, Emilio Moratinos, abandonó rápidamente y el otro, Juan Carlos Pires, montado sobre un llamativo Chevrolet de los años 30, de color verde, dotado de un poderoso motor V8, consiguió un meritorio segundo lugar.
Ese año hubo que esperar hasta el 20 de marzo para ver automovilismo en Comodoro Rivadavia. Fue en El Faro donde corrió el Hot Rod Estandarizado una carrera válida por el campeonato interno de Los Andes.
Orlando Araneda logró ese día su única victoria en la categoría, dejando atrás a Evaristo Guzmán, Orlando Rojido, Héctor Grandoso, Eduardo Berthe, Walter Cristiani, Avelino Panquilto, Ramón Arias, Rubén Castro y Fernando Rodino.
Mientras tanto, en la misma jornada, pero en Río Gallegos, Miguel Mayeste hilvanó su segunda victoria consecutiva en el TC 5000 en tanto fuera de carrera quedaba Carlos Costilla con “La Turbina”, adquirida a Moratinos y en sexto lugar se ubicaba Jorge Petrinoli, conduciendo un auto atendido por Alfonso Rementería.
El 10 de abril, el Hot Rod volvió a El Faro, esta vez acompañado por los Fiat 600. En la categoría menor fue triunfo contundente de Cacho Bustos, quien se impuso en las tres series disputadas. Corriendo a 101,034 km/h, le ganó por 4m22s a Poly Castañeda, por una vuelta a Eduardo Omaecheverria, por tres vueltas a Lalo León y por varios giros a Eduardo García, Carlos Martínez, Ernesto Castro, Miguel Ostric, Carlos Morales y el caletense “Cheyenne”.
Mucho mas disputada resultó la final del Hot Rod, que en sus primeros tramos ofreció un interesante duelo entre Jorge Malo y Evaristo Guzmán que duró hasta que este último perdió una rueda y cedió el lugar de escolta a Ramón Arias.
En la octava vuelta Arias se quedó con insalvables problemas mecánicos y Malo comenzó a padecer una falla que lo fue retrasando y que en la vuelta siguiente le hizo perder el liderazgo en manos del truncadense José Rodino.
Finalmente el ganador fue Rodino, a 111,756 km/h de promedio, dejando a 15s2/100 a Orlando Rojido. Mas atrás, lejos de toda conversación por la punta, Fernando Rodino, Héctor Grandoso, Pipo Stefen y Joaquín Iturriza.
Fuera de carrera, Jorge Malo, Ramón Arias, Totó Matías, Alberto Balero, Evaristo Guzmán y el valletano Jorge Taffetini que se había venido a correr con un auto del TC Chubutense.
Un mes después, el 8 de mayo, ambas categorías repitieron la presentación en Km 8. En una nueva demostración de contundencia Cacho Bustos arrasó en 800cc, ganándole por más de 30s a Mingo García y por 38 segundos a Chacho León.
La misma solvencia para el triunfo demostró el Negro Vernetti en Hot Rod al imponerse de punta a punta en la final, corriendo a 114,099 km/h sin que nada pueda hacer Pepe Rodino que terminó a 39s del ganador. Luego, Walter Cristiani, Fernando Rodino, Héctor Grandoso, Orlando Rojido, Manuel Do Brito, el Yagua Saez y Joaquín Iturriza.
El 5 de junio el Hot Rod Regional cumplió una fecha en Caleta Olivia, válida por el campeonato de la Regional XII. Ganó el Potrillo Vega tras una dura batalla con Vernetti que se definió en los últimos giros por menos de dos segundos. Tercero en la porfía, a 2s1/10, El Griego y luego Pepe Rodino, Fernando Rodino, Avelino Panquilto, Héctor Grandoso, Joaquín Iturriza, Carlos Seleme y Roberto Resgemburger.
El Hot Rod Regional mostraba una vez más que podía ofrecer una paridad que el Estandarizado por el momento no podía brindar.
Mientras el automovilismo hacía su camino e intentaba crecer, el 14 de julio de aquel 1977 uno de sus más emblemáticos impulsores se iba para siempre de este mundo.
Víctima de un maldito cáncer, ese día dejaba de existir Raúl Andrés Vilariño, presidente del Auto Moto Club Comodoro Rivadavia y de la FRAD 12.
En su despedida final la entidad madre del automovilismo comodorense expresó a través de un comunicado de prensa: “Los grandes triunfadores nunca mueren y en tu caso, viejo, ni la vida misma te ha ganado la batalla. Culminaste una etapa y simplemente te bajaron la bandera a cuadros. Savia misma de un deporte bravo, en la imponencia del paisaje agreste, queda plasmada tu obra más excelsa. Música de mar, marco de cerros, desafío al viento, mirando al cielo queda tu obra en cuyo trazo negro de asfalto y curvas vibró mil veces tu corazón de tuerca. Leal amigo, arquetipo de dirigente, dejas un legado de amor por un deporte y un ejemplo de humildad y abnegación. Por eso en esta circunstancia del destino, henos aquí, viejo, tus amigos, como en tantas otras jornadas que juntos compartimos”.
A pesar del dolor, la vida sigue. El primero de septiembre, Néstor Blanco fue elegido presidente de la FRAD 12 en reemplazo de Vilariño y veinte días después el Hot Rod y los Fiat 600 subieron al asfalto del autódromo de Comodoro Rivadavia como homenaje a su mentor.
Cacho Bustos no consiguió el triplete que fue a buscar, aunque abandonó marchando en punta y dejó la victoria en manos de Carlos Martínez que en un esfuerzo supremo le ganó por apenas 1/10 de segundo al valletano Pedro Arranz.
La categoría mayor, por su parte, mostró ese día una variante interesante al mezclar en una misma carrera al Hot Rod y los autos del TC Chubutense.
Ganó un auto del Hot Rod, con Jorge Malo al volante pero el TC no desentonó y se quedó con el segundo lugar, conseguido por el portuario Julio Cesar Bona.
El 12 de octubre el Auto Moto Club inició una nueva etapa de su vida institucional con la llegada a la presidencia de un socio fundador apasionado por los fierros: Julio Guerreiro.
Emprendedor, polémico, tozudo, Guerreiro no le mezquino esfuerzo a la cosa y marcó a fuego su impronta en la historia del club a través de una gestión de años plagada de realizaciones.
El 23 de octubre, mientras en Japón el austriaco Niki Lauda se negaba a correr bajo la lluvia por no darse las condiciones mínimas de seguridad, resignando la posibilidad de obtener su tercer título mundial y dejando como campeón a James Hunt, el automovilismo vernáculo corrió en el General San Martín. Fiat 600 y Hot Rod fue la propuesta.
Pese a no ganar ninguna de las dos series disputadas, el Zorro Martínez fue el ganador de la suma de tiempos del TN 800, superando por la mínima diferencia de 1/10 a Quique Martínez, por 1s7/10 a Pedro Arranz, por 3s3/10 a Chacho León y por mas de 30s a Manzel Jones.
En Hot Rod, Moratinos, Arroyo y Vernetti ofrecieron un espectáculo formidable a través de tres series por suma de tiempos. En los cómputos finales fue una nueva victoria para el “Patagónico Volador”, con 4s5/10 de ventaja sobre Eduardo Arroyo y 54s3/10 sobre Vernetti que había resignado sus posibilidades en la primera serie con una goma pinchada y no le alcanzó con ganar las dos restantes.
Fuera de la lucha por la punta, cuarto fue Petrinoli, quinto Vega, sexto Purzel, séptimo Fernando Rodino, octavo el sarmientito Raúl Colo y noveno Ramón Arias.
Aquella temporada 77 que no tuvo grandes picos de atracción y apenas fue un año de transición, llegó a su fin el 27 de noviembre con una presentación del Hot Rod en el autódromo que solo sirvió para que Moratinos engrosara su estadística con una nueva victoria, esta vez clara y contundente.
Segundo, pero muy lejos, fue Pipo Stefen, tercero Purzel, cuarto Evaristo Guzmán, quinto Corcho Kank, sexto Arroyo y séptimo Vernetti.
La temporada se fue y dejó como saldo la consolidación del TN 800 que ofrecía espectáculos vibrantes y cierta anemia del Hot Rod que no lograba superar las fracturas internas. La sensación generalizada era que al automovilismo comodorense le estaba faltando algo para estar completo.
Ese algo llegaría al año siguiente de la mano del Turismo Nacional Promocional Standard que comenzaría a adueñarse del escenario fierrero de la época.

LA VUELTA DE SANTA CRUZ

El 25 de marzo de 1972, la inquieta Asociación Española de Socorros Mutuos de San Julián puso en marcha, una vez mas, aquella fantástica carrera que era la Vuelta de Santa Cruz que en esa ocasión, en seis etapas, recorrió algo más de 3.266 kilómetros.
Dos categorías, la “A”, para máquinas de hasta 850 cc de cilindrada y la “C”, con un tope de dos litros, lograron reunir mas de cincuenta autos en la línea de largada, en San Julián, desde donde, uno a uno y a intervalos de 30 segundos, fueron partiendo los protagonistas rumbo a Fitz Roy, Caleta Olivia, Pico Truncado, Jaramillo y final en Puerto Deseado para totalizar 605 km en la primera jornada.
Varios comodorenses fueron de la partida y disputaron la carrera con suerte dispar. En la categoría menor, Eduardo León, Enrique Lola y Mario Vernetti, todos con Renault Gordini y Mario Ogas con el Fiat 600 pusieron en marcha su ilusión aquella mañana. En la categoría hasta dos litros, Héctor Costilla, Julio Guerreiro y Juan José Kank, con Peugeot 504 y Mario Jones con la cupé Fiat, llevaron la bandera de la Capital del Petróleo.
Al final de la etapa, en Puerto Deseado, lo de los comodorenses era espectacular. En la categoría “A”, donde mandaba el Gordini de Gobernador Gregores piloteado por Roberto Schubpak, Vernetti estaba segundo, Lola tercero, León cuarto y Ogas séptimo. En la mayor, detrás de los ganadores de la etapa, Mario Celentano con Raúl Favre, con un Peugeot, “Corcho” Kank se ubicaba segundo; Héctor Costilla, cuarto y Mario Jones, octavo. Muy retrasado, con problemas mecánicos, Julio Guerreiro aparecía en el puesto dieciocho.
Al día siguiente el segundo tramo, desde Puerto Deseado a Perito Moreno, a través de 467 kilómetros.
Aunque la etapa la ganó Carlos “Lechón” Fernández, con el Peugeot, Kank, que fue segundo, se apoderó del liderazgo en la general de la clase “C”, ante el retraso de Celentano-Favre que con el auto que preparaba Juan Carlos Kristiansen rompieron un palier entre Las Heras y Perito Moreno y quedaron relegados al decimosegundo lugar. Mario Jones trepaba al quinto lugar y Guerreiro, que continuaba con problemas se conformaba con llegar al final. A esta altura de la carrera ya no estaba Héctor Costilla que había quedado en algún lugar del camino antes de llegar a Perito Moreno.
En la categoría menor, esta etapa marcó la debacle de los comodorenses. Mario Ogas quedaba definitivamente fuera de carrera con el auto “kaput”; Mario Vernetti dejó medio Gordini en un badén, entre Las Heras y Perito Moreno y a duras penas llegó al final en el decimoquinto lugar; Eduardo León rompió la bomba de aceite y se cayó hasta el noveno puesto y Enrique Lola quemó la junta de tapa de cilindros y muy lejos de la punta arribó a Perito Moreno en el decimocuarto lugar.
El drama comenzó a desatarse en esta etapa, cuando a 20 kilómetros de Las Heras volcó en forma espectacular el piloto de San Julián, Luís Cuesta, quien resultó ileso, pero su hermano, Severiano, que lo acompañaba, sufrió gravísimas heridas que obligaron a su urgente traslado al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia.
Tras un día de descanso, el 27 de marzo, se largó la tercera etapa, desde Perito Moreno hasta San Julián, a través del imponente valle del río Pinturas, para recorrer 743 kilómetros.
El fueguino Constante Moreno Preto, con Peugeot, se adueñó de la etapa, pero el gran negocio lo hizo “Corcho” Kank, que con el tercer lugar consolidaba su liderazgo en la general, con más de 12 minutos de ventaja sobre Carlos Serantes y casi 20 minutos sobre Oscar Manzanares.
Julio Guerreiro, mejorando algo lo hecho hasta allí, lograba el décimo lugar en la etapa, aunque no le servía para trepar demasiado en la general por un grueso recargo sufrido en Perito Moreno, cuando entregó fuera de término el auto al parque cerrado, luego de la reparación.
Mario Jones veía esfumarse sus pretensiones a 180 kilómetros de Perito Moreno cuando rompió un brazo de suspensión y perdió muchísimo tiempo en el cambio. Fue el último en arribar a San Julián y descendió al decimoquinto lugar en la general.
Entre los más chicos, Eduardo León, con su victoria en la etapa lograba ascender tres puestos en la general y se ubicaba sexto; Lola trepaba al décimo lugar y Vernetti a duras penas se mantenía en carrera.
Roberto Schubpak, con firmeza y comodidad, dominaba la carrera en la clase “A”, luego de recorrer 1.813 kilómetros, aventajando por 24 minutos a su coterráneo Alejandro Mallada.
Un nuevo descanso y el 29 de marzo otra vez mas de 700 kilómetros de marcha, para ir de San Julián hasta Río Gallegos, pasando por Comandante Piedrabuena, Monte León, Fortaleza, El Calafate y La Esperanza.
El “Lechón” Fernández, con el Peugeot de la Peña Petrolero Austral de Río Gallegos ganó la etapa, superando a Juan José Kank que sin embargo se seguía escapando en la general, a Oscar Manzanares y a Mario Jones.
Henry Fort ganó la etapa en 850 cc, seguido por el recuperado Enrique Lola, mientras la carrera se terminaba para Eduardo León antes de llegar a la capital de Santa Cruz y Roberto Schubpak, puntero hasta allí se retrasaba considerablemente.
La quinta etapa, corrida el día 31 de marzo, fue un ida y vuelta de Río Gallegos a Río Turbio, a través de 496 kilómetros que ganó Kank en la mayor y Alejandro Mallada en la menor, adueñándose del primer lugar en la general. Enrique Lola, quinto en la etapa, padeció problemas mecánicos que al día siguiente lo dejarían fuera de carrera.
El 1 de abril, el remate de la carrera, con la disputa de la sexta y última etapa, entre Río Gallegos y San Julián, transitando por la ruta 3 los 407 kilómetros de recorrido.
Otra vez triunfo para Kank que llegaba victorioso a San Julián, sin sospechar lo que vendría, que dejó al piloto de Ushuaia, Constante Moreno Preto como el ganador absoluto de la carrera.
Entre los mas chicos, la etapa la ganó Alejandro Mallada con el Gordini y se adueñó de la general en 33h35m27s, superando por 29 minutos a Henry Fort (Fiat 600), por 1h19m al Renault 4 de Armando Ordoñez y por 2h14m30s a su compañero de equipo, Roberto Schubpak, con otro Gordini. En el último tramo el Renault de Enrique Lola, herido por el esfuerzo, dijo basta y lo dejó de a pie muy cerca del final.
Pero la carrera no había terminado con la bajada de bandera y la revisación técnica depararía sorpresas desagradables cuando el Comisario Técnico comprobó anomalías reglamentarias en los autos de “Corcho” Kank (1°), Carlos Narvarte (3°) y Hansel Paterson (5°), quienes fueron excluidos.
Conocida esta decisión, los pilotos involucrados dieron a conocer un comunicado de prensa, mediante el cual reconocía como legítima la decisión de las autoridades de la prueba y responsabilizaban por la violación al reglamento al preparador de los motores de los tres autos, el porteño Alberto Gómez.
Ahora si, la Vuelta a la Provincia de Santa Cruz había terminado, con victoria para Moreno Preto, con Peugeot, en 24h33m30s, aventajando por 32m36s a Carlos Fernández, por 2h03m07s a Mario Saez, por 2h44m53s a la cupé Fiat de Mario Jones; por 3h57m02s a Celentano -Favre, por 3h57m19s a Rene Díaz, por 4h37m10s al Peugeot de Humberto Fernández y por 8h50m al modesto Fiat 128 de Mario Freile.

UN AÑO DE GRANDES CARRERAS

El año 1970 se caracterizó por la realización de grandes carreras. La presencia del automovilismo nacional en el autódromo General San Martín, la participación de pilotos de Comodoro Rivadavia en el Gran Premio y carreras como la Vuelta a la Provincia de Santa Cruz, las 24 horas de Rio Gallegos o las 6 horas de Puerto Santa Cruz, sumadas a la presencia de pilotos nacionales en las carreras regionales, marcaron la temporada.
La nueva y atractiva categoría Turismo de Carretera, que tantas expectativas despertaba en la afición, fue la encargada de abrir la temporada 70 en el autódromo General San Martín, pero su participación se vió teñida por el fracaso, cuando solo se inscribieron ocho autos y apenas cinco se presentaron a correr.
En una pálida carrera, disputada en dos series por suma de tiempos, la victoria final fue para el experimentado piloto nacional Adrián Villegas, con un Torino, quien le ganó por mas de 23 segundos a la Liebre 1 y ½ del valletano Benito Calvo. Mas atrás, Hugo Bimboni, con un Torino; el fantástico Paniza Tornado de Mario Velazco y el Torino del santacruceño Roberto Mascitelli.
En la categoría 800 cc, que actuó como partenaire, Jorge Velazco ganó superando con comodidad a Eduardo James, Eduardo “Pety” García, “Los Turcos”, Cesar Algarra, Mario Behr, Angel Camarero y Oscar Ebene.
Poco mas de un mes después, el 22 de Marzo, el gran automovilismo nacional desembarcó en Comodoro Rivadavia. Mecánica Nacional Formula 1 y Sport Prototipos. Lo mejor que se podía ofrecer en autódromos.
Lamentablemente, en los entrenamientos previos de la Formula 1, el día sábado, Ruben Luis Di Palma sufrió un violento accidente en la zona del curvón que obligó a colocarle una bota de yeso que le impidió participar de ambas categorías. La carrera se quedó sin el “loco”, quizas la mayor atracción, aunque no por eso perdió interés, ya que el resto de los nombres no eran cosa menor, fijese si no: Angel Monguzzi, Omar Cuvertino, Emilio Bertolini, Jorge Ternengo, Carlos Marincovich, Carlos Pascualini, Eduardo Copello, Nestor García Veiga, Nasif Estefano, Carlos Pairetti, Hector Luis Gradassi, Juan Manuel Bordeu, Francisco Mayorga, Carlos Ruesch y Jorge Cupeiro. Talento para tirar para arriba.
El sábado corrió la Fórmula 1 dos series por suma de tiempos. En la primera ganó Monguzzi seguido por Cuvertino, Bertolini, Favre y Ternengo.
En la segunda, ya tranquilo con la diferencia acumulada, Monguzzi cuidó y fue segundo de Bertolini, quedandose con la suma de tiempos.
La suma total dejó como ganador al cordobés Monguzzi, a 158,549 km/h de promedio, con 41s de ventaja sobre Bertolini, 54s8/10 sobre Cuvertino, una vuelta sobre Ternengo y dos vueltas sobre Daniel Favre.
El plato fuerte fue el domingo, con la carrera de Sport Prototipos, aquella fantástica categoría que sin embargo duró muy poco porque la realidad económica del país no podía sostenerla.
Tres apasionantes series a quince vueltas para determinar el ganador por suma de tiempos.
Y mire que autos: dos Chelco Chevrolet oficiales, con García Veiga y Monguzzi al volante, dos Numa IV Tronado del equipo semioficial de Carlos Ruesch, con Ruesch y Copello, dos Formisano Ford extraoficiales, con Marincovich y Estéfano, dos Pronello Ford oficiales, con Pascualini y Mayorga, el Bellavigna Dodge, conducido por Bordeu, una Liebre III Chevrolet, con Jorge Cupeiro y el fantástico Steven Chevrolet, mas conocido como “Trueno Naranja”, menejado por Carlos Pairetti.
Pero vamos a la carrera. Apenas iniciada la primera serie, Marincovich se adelantó a todos y cumplió la primera vuelta en punta, seguido por Pascualini, Copello, García Veiga y Estéfano.
Y allí empezó una lucha endemoniada. En la segunda vuelta, Marincovich seguía al frente pero ahora perseguido por García
Veiga, que había avanzado dos lugares, Pascualini, Copello y el “turco” Estéfano.
En la cuarta vuelta, con graves problemas de temperatura, Pairetti se va a boxes y Pascualini comienza a retrasarse, mientras el “cardenal” Copello comienza su arremetida que en el octavo giro lo pondrá en la punta de la carrera, desplazando a García Veiga, Marincovich (que ya venía con problemas de temperatura) y Estéfano.
Pero nada estaba definido todavía porque faltaba la vuelta diez, aquella en la que el “Nene” construyó una genialidad en la viborita para quitarle la posición de privilegio a Copello y comenzar una escapada que lo llevó a quedarse con la serie.
La primera parte de la carrera finalizó con el Chelco Chevrolet de García Veiga adelante, seguido a 6s por Copello, a 8s10/10 por Estéfano y ya muy lejos, Marincovich, Gradassi, Bordeu, Mayorga, Ruesch, Cupeiro, Monguzzi, Pascualini y Pairetti.
Un intervalo y otra vez a la pista, para la segunda serie, con todos los protagonistas de la primera menos Carlos Ruesch, con problemas de motor.
García Veiga adelante hasta la vuelta cuatro, cuando Copello lo supera e intenta la escapada. Sin embargo el sanjuanino no pudo sacarse nunca de encima al Chelco que en la penultima vuelta recuperó la punta para ganar por 1s7/10 y estirar un poco mas la diferencia. Segundo fue Copello, tercero Estefano, cuarto Marincovich, quinto Gradassi, sexto Mayorga, séptimo Cupeiro, octavo Bordeu, noveno Pairetti y décimo Monguzzi.
Todo quedaba para definirse en la última serie en un casi mano a mano entre García Veiga y Copello.
Y la última parte de la carrera fue sencillamente apasionante, como correspondía a una definición entre dos grandes de verdad.
Copello adelante en la primera vuelta, seguido por el de Arrecifes ahí nomas.
En la vuelta cuatro, el Chevrolet adelante y Copello en la persecución y en la vuelta siguiente otra vez las posiciones invertidas.
En la séptima vuelta ataca García Veiga y es puntero pero en la décima Copello recupera lo suyo. El público, agradecido.
Si algo caracteriza a un grande es no darse por vencido jamas, por eso no extrañó que a cuatro vueltas del final García Veiga fuera otra vez puntero. Como para liquidar el pleito.
Pero atrás estaba Copello, perfecta conjunción de talento y experiencia que llevando el auto con la punta de los dedos, con la sutileza de los maestros, encaró el curvón por afuera, cuando el guard rail todavía estaba allí nomas, para quedarse con la serie. Casi de fantasía.
Sin embargo no alcanzó. Nestor Jesús Garcia Veiga se quedó con la suma de tiempos, ganandole a Eduardo Copello por 6s6/10 a un promedio de 162,340 km/h.
Lejos de la lucha por la punta, mas atrás terminaron Marincovich, Gradassi, Bordeu, Cupeiro, Estefano, Ruesch, Monguzzi, Mayorga, Pascualini y Pairetti.

EL SUEÑO MAS GRANDE

Una semana después de finalizado el Gran Premio de Turismo de 1969, el Turismo de Carretera de la región corrió en el compactado de Gaiman. A 117,300 km/h ganó Mario Velazco, con el Panizza Tornado; a 1m03s terminó segundo el comodorense Willy Kank, con la Liebre 1 ½; tercero a 1m19s el Crespi Tornado de Hugo Bimboni y en el cuarto lugar, a 1m34s, Benito Calvo, conduciendo la Garrafa que los hermanos Bellavigna habían construido años antes para Andrea Viannini, impulsada ahora por un motor Tornado.
Cuando promediaba la primavera de aquel año 69, el nuevo trazado del autódromo General San Martín comenzó a cubrirse de asfalto. Ya era presidente del Auto Moto Club, Raúl Andrés Vilariño, que sería el encargado de inaugurar las obras que juntos habían soñado y concretado con el inolvidable Juan Bautista Fernández y tantos otros.
Habilitado para la visita de la prensa, aún sin terminar, se pudo comprobar que se trataba de un dibujo de 3.764 metros de extensión que no difería demasiado del anterior trazado de tierra, aunque se incorporaba una zona de curvas que luego sería conocida como la “viborita” y fundamentalmente se le cambiaba el sentido de giro para adaptarlo al criterio universal de dar vueltas en el sentido de las agujas del reloj.
Tras la visita, todos coincidieron en lo mismo: sería un circuito muy rápido. Un mes después, los pilotos del Turismo de Carretera Nacional confirmarían tal presunción.
¿Quién que lo haya vivido podrá olvidar el 14 de diciembre del año 1969? Aquel día, toda una ciudad concretaba un sueño gracias al trabajo constante, generosamente desinteresado, apasionado, incansable, tozudo, enorme de un puñado de sus hijos que creyó de verdad aquello de “si puedes imaginarlo, puedes hacerlo”. Un grupo de hombres profundamente comprometidos con la responsabilidad que habían asumido y que supo aprovechar con lucidez las oportunidades que el momento brindaba para concretar una obra gigantesca. Un ejemplo de dirigentes.
Con la disputa del “Gran Premio Nuevas Naftas YPF” para el Turismo de Carretera, organizado en forma conjunta por el Auto Moto Club y el Club Ingeniero Luís A. Huergo, brazo social y deportivo de la poderosa Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el flamante autódromo de Comodoro Rivadavia, concretado merced al apoyo de la empresa estatal, quedaba inaugurado.
El Gobernador de la provincia del Chubut, contralmirante Guillermo Pérez Pitton; el Intendente Municipal, capitán de fragata Pedro Amarante; las máximas autoridades de YPF y del Auto Moto Club, fueron los encargados de presidir la ceremonia de inauguración, en la que el reverendo padre Juan Corti bendijo las instalaciones.
A las tres de la tarde con cincuenta minutos, los autos salieron a la pista. Las Liebre III, el Halcón Ford, el Trueno Naranja y otros ejemplares de esa envergadura, atronaron el aire comodorense circulando por el inmaculado asfalto del autódromo General San Martín.
Pilotos de la talla de Luís Di Palma, Carlos Pairetti, Gastón Perkins, Jorge Ternengo, Oscar Mauricio Franco y otros, comenzaban a desentrañar los secretos del nuevo escenario.
La gente, desbordando la capacidad del circuito, ocupando cada centímetro de tierra disponible para ver la carrera. Una fiesta grande, como merecían quienes la soñaron.
¿La carrera? Un concierto de Luís Di Palma y su Liebre III, ganando las dos series disputadas, clavando el record de vuelta en 1m26s7/10, derrochando talento para que disfruten los patagónicos.
Tras cuarenta vueltas de carrera, divididas en dos series, Di Palma ganó en 1h00m11s1/10, a 150,097 km/h. Detrás del inolvidable arrecifeño, Jorge Ternengo, con el Halcón Ford; Carlos Alberto Pairetti, con el trueno Naranja; Gastón Perkins y Oscar Mauricio Franco, con sendas Liebre III; Adrián Villegas, con una Liebre II; Héctor Rey, con Liebre 1 ½; Matías Mujica, con Torino y José Gallo y Norberto Castañon, con Chevrolet.
Di Palma se iba feliz con su victoria, Gastón Perkins festejaba en Comodoro Rivadavia la obtención del título de campeón del TC, y todos se retiraban alegres. La ciudad tenía ahora un escenario de primer nivel, para su propio automovilismo y para montar espectáculos de la máxima jerarquía nacional.