lunes, 24 de enero de 2011

UN AÑO MUNDIAL

Algunos lo sabían y lo denunciaban. Terminaban exiliados en tierras extrañas, cuando no muertos o en el peor de los casos desaparecidos.
Otros tantos lo sabían pero lo callaban, por indiferencia algunos, por prudencia otros, por miedo los mas.
Muchos, ni siquiera tenían conciencia entonces que la Argentina atravesaba una de las etapas mas negras de su historia y necesitarían varios años para empezar a asomarse al horror de comprender un tiempo en que la vida de miles de argentinos no valía nada.
Era el año 1978, sombrío, oscuro. Era el año del Mundial de Fútbol en la Argentina que vino a iluminar demagógicamente la negra noche.

Carlos Costilla adelante y Mingo Garcias en la persecución transitando
la viborita del autódromo General San Martín en 1978

Fue el año que aquellos muchachos dirigidos por Cesar Luís Menotti le regalaron al país su primer título mundial en fútbol, conseguido por méritos propios, sin duda, aunque con la “ayudita de sus amigos”.
Lo cierto es que el primer semestre de 1978 fue virtualmente devorado por el fútbol que acaparó toda la atención y eclipsó cualquier otra actividad que fuera ajena a la pelota.
Pero eclipsar no significa anular, por eso, la gente del automovilismo siguió con lo suyo. En el país y en Comodoro Rivadavia.
El automovilismo regional padecía entonces de cierta anemia que era necesario curar. Había mucho por hacer y urgía no perder tiempo.
Para colmo de males, ni bien comenzaba el año 1978 la fría letra del diario del 27 de febrero comunicaba la infausta noticia: “Al estallar el motor de su lancha cuando promediaba la segunda etapa de la “Doble Pirámides”, murió el automovilista de Trelew, Ricardo “Cari” Torres.
Torres, cuyo cadáver es buscado en el mar por efectivos de Prefectura Naval Puerto Madryn y del Club de Buzos del Atlántico Sur, era uno de los mas promisorios valores del automovilismo regional, habiendo corrido el año pasado en la categoría C del Turismo Nacional, mientras que este año iba a incursionar en la categoría B.
La desaparición de Torres, que contaba con 25 años de edad, conmovió profundamente a los círculos deportivos de la ciudad de Trelew”.
Lacónica, terminante, la irreparablemente triste noticia golpeaba con crudeza. Diez días después, el 5 de marzo, un nutrido grupo de dirigentes, pilotos, preparadores y allegados al automovilismo despedían simbólicamente los restos de “Cari” Torres, cuyo cadáver jamás fue hallado, arrojando flores a las aguas del Golfo Nuevo, en Puerto Madryn.

Emilio Moratinos y Jorge Malo en dura lucha en el Autódromo General
San Martín, en 1978.
(Foto: Gentileza Emilio Moratinos)
Unos días antes de este episodio, el Club Los Andes se vio obligado a postergar la prueba de Hot Rod que había programado para el 3 de marzo, por falta de inscriptos.
Una semana después suspendió definitivamente la carrera cuando otra vez no pudo reunir una cantidad aceptable de participantes.
Los viejos y recurrentes conflictos del Hot Rod, volvían a manifestarse y esto llevó a la dirigencia del Auto Moto Club a convocar a una urgente reunión de pilotos de la categoría, en un intento por reorganizar la actividad tuerca en la ciudad.
Y de algo sirvió la reunión, porque el 16 de abril, al fin, pudo ponerse en marcha la temporada, aunque sin solucionar los problemas de fondo que volverían a hacer eclosión a mediados de año.
Lo cierto es que en la fecha apuntada se corrió en el autódromo General San Martín. Hot Rod y TN 800.
Mucha gente en el autódromo. Es que los fierreros estaban ávidos por ver automovilismo, habida cuenta que la última carrera corrida en Comodoro Rivadavia había sido en noviembre del año anterior.
En los Fiat 600, la victoria final, tras tres series por suma de tiempos, fue para Carlos “Zorro” Martínez tras una dura lucha con Mingo García que se definió en la última parte de la tercera serie cuando este último se retrasó por problemas mecánicos.
Martínez, corriendo a 118,678 km/h le ganó, al cabo de 15 vueltas, por algo más de 18 segundos a Enrique Martínez, por 36s2/10 a Chacho León y por más de un minuto a Osvaldo Hilgemberger. Mas atrás, Carlos Costilla, Cacho Bustos, Juan Abdala y Rubén Trobi.

Jorge "Loco" Malo adelante, Julio Bona en la persecución en plena viborita del General San Martín.
Fue en 1978, cuando el Hot Rod se mezclaba con el TC Patagónco
(Foto: Gentileza Categoría Hot Rod)

En Hot Rod, Emilio Moratinos debió esforzarse mucho en las dos primeras series para doblegar a Mario Vernetti que abandonó en la tercera y le dejo el triunfo servido al “Patagónico Volador”.
Moratinos, que seguía construyendo su mito, le ganó ese día por 20s2/10 a Eduardo Arroyo, Tercero fue Vernetti, a 30s8/10; cuarto, Argentino González, a 1m09s4/10; quinto Orlando Rojido a 1 vuelta; sexto el debutante Aníbal “Tito” Das Neves, corriendo el auto de “Don Pipo”; séptimo, Avelino Panquilto; octavo, Héctor Grandoso; noveno, Juan Santana y décimo, “Tiburón”.
Ese mismo día, en Río Gallegos, corrió el TC 5000. Fue victoria de Jorge Gorchs, con el Falcon angostado, seguido por Miguel Mayeste y el comodorense Héctor Costilla.
Después, un intento de carrera el 4 de junio que se frustró una vez más por la falta de inscriptos y nada más, hasta el mes de agosto. Al menos en Comodoro Rivadavia.
El 10 de julio llegó por segunda vez a la ciudad el más grande piloto que haya dado la historia del automovilismo argentino: Juan Manuel Fangio.
Esta vez, el quintuple campeón del mundo de formula 1 llegó para inaugurar el local de la firma Marcas Famosas, concesionaria oficial Mercedes Benz, marca de la cual Fangio era el máximo referente en la Argentina y América.

Chacho León y su Fiat 600, allá por 1978

El 23 de julio, el Hot Rod viajo a Puerto Madryn para compartir escenario con el incipiente TC Chubutense.
Una carrera en conjunto, corrida en el circuito de tierra que por entonces poseía la ciudad portuaria, que ganó el comodorense Jorge Malo, al comando del Mercury 56 de la Peña Salamanca, recientemente creada, escoltado por el TC Chubutense de Julio Cesar Bona.
En agosto, el Auto Moto Club hizo disputar una carrera diferente en el autódromo General San Martín. Las 3hs de TN 800.
La competencia se corrió en dos series de una hora y media de duración cada una, con la particularidad que se permitió la participación de dos pilotos por auto, aunque muy pocos se inclinaron por esta opción.
La primer serie fue un duelo mano a mano entre Carlos Martínez y Chacho León, en la que prevaleció, sobre el final, el popular “Zorro”, escoltado por León y dejando tercero, aunque un poco lejos a Carlos Costilla y cuarto al trelewense Manzel Jones.
La segunda serie fue un calco de la primera, solo que cuando parecía que todo estaba definido apareció uno de esos imprevistos que siempre tiene el automovilismo y que permiten seguir utilizando la vieja frase de “Toscanito” Marimon que las carreras se acaban con la bandera a cuadros.
Enfrascados en su lucha por la victoria, Martínez y León no vieron una mancha de aceite sobre el circuito y fueron los dos a parar afuera. Casi sin pensarlo, porque ya estaba conforme con el podio que lograba, Carlos Costilla heredó la punta y fue el primero en ver la cuadriculada.


Tras 95 vueltas de carrera, Costilla dejó atrás a Manzel Jones, Carlos Martínez, Chacho León, Carlos Ruiz, Juan Abdala, Enrique Martínez, Pedro Arranz, Cristóbal López y Poly Castañeda.
Entre los autos totalmente standard, la victoria fue para Mingo García, seguido, en muy buen trabajo por la joven de Esquel, Silvia Fernández; Jorge Solari, Ernesto Castro y Eduardo Galíndez
El 17 de agosto, en Buenos Aires, se puso en marcha una carrera de fantasía: el Rally Internacional Vuelta a la América del Sur.
Desde Buenos Aires, avanzó por Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile para retornar al país después de 39 días y 28.592 kilómetros de marcha.
Con autos de cuatro clases y topes de 1300, 1600, 2000 y 5000 cc, con 228.000 dólares en premios.
Largaron 58 de 65 anotados. Los agoreros decían que no terminaría nadie. Afortunadamente no fue así.
A las cero horas del aniversario de la muerte del General San Martín, arrancó, desde la sede del Automóvil Club Argentino, en la avenida del Libertador, el primer auto, el Mercedes Benz de Timo Makkinen y Jean Todt.
Primero a Montevideo y después a Asunción. El Rally no era broma y empezó a cobrar su precio.
Al desbarrancarse de un puente, cerca de Río Novo, perdía la vida el doctor Carlos Puppo, coordinador sanitario de la prueba.
Mas adelante, a la altura de Boa Vista, ya en Brasil, se estrellaba el Falcon número 405 y se mataba Norberto Mussini, uno de sus tripulantes.
A Bogotá llegaron 31 autos. A Santiago 29.
La caravana reingresó al país por Bariloche, apuntando a Ushuaia, para dibujar todo el sur antes de subir hacia Comodoro Rivadavia.
El 20 de septiembre, a las 23hs45m, el polaco Sovieslaw Zasada, viejo conocido de los argentinos, fue el primero en llegar a la Capital Nacional del Petróleo, para terminar la etapa frente a la sede del Automóvil Club Argentino. Tras el arribó Timo Makkinen, con huellas de un fuerte vuelco y terceros Fowkes-Kaiser.
Un día de descanso en Comodoro Rivadavia, para beneplácito de los amantes de los autos y luego otra vez al camino.
El Rally comenzó a irse de la ciudad a las cuatro de la tarde del 22 de septiembre, con la partida del primer auto.
Buenos Aires recibiría, finalmente, a 22 tripulaciones. Únicamente la categoría B (1600 cc) tendría un ganador de punta a punta: el Renault 12 TS tripulado por los argentinos Jorge Recalde y Jorge Baruscotti. En la categoría A se impusieron Nygaard-Reolon, de Brasil, con un VW 1300L. En la C, los peruanos Kube-Bradley, con un Toyota Corona RT 104 y en la D, Cowan-Malkin, con el Mercedes Benz 450SLC.
Ya en plena primavera, en el mes de octubre, el Auto Moto Club retomó la actividad poniendo en pista al TN 800 y al Hot Rod.
En una impresionante definición, el “Zorro” Martínez le gano a Mingo García por apenas 8/10 de segundo, dejando muy lejos al tercero, Cristóbal López, quien terminó a 43s5/10.
Mezclados en el segundo pelotón, Mario Ogas, Roberto Di Feo, Titin Ferre, Juan Santana, Chacho León y Carlos Costilla.
En Hot Rod, Emilio Moratinos ejecutó una obra maestra. Con problemas en su auto, no pudo clasificar, lo que lo obligó a largar la primera serie desde el último lugar. Desde allí construyó una victoria inmensa.
Al término de la primera batería ya estaba segundo, detrás de Jorge Malo. En la segunda, logró la punta de la carrera y en la tercera consolidó el triunfo por más de 7s de ventaja sobre Malo, corriendo a 131,194 km/h.
Tercero, aquel día fue Carlos Costilla; cuarto, “Petete” González; quinto, Enrique Lola, que comenzaba a aparecer con fuerza en la categoría; sexto, “Tito” Das Neves y mas atrás, Juan Santana, Eduardo Berthe, Mario González y alguien que en muy poco tiempo daría que hablar en el Hot Rod: Horacio “Potrillo” Vega, de Puerto Deseado.
Mientras esto sucedía, algunos pilotos y preparadores de Comodoro Rivadavia trabajaban en una nueva idea que el ambiente automovilístico conocía pero el gran público no.
El 25 de octubre, un grupo de esos hombres se encargo de hacer pública la movida: una nueva categoría para el automovilismo de la ciudad.
Se trataba del Turismo Nacional Promocional Standard que sus impulsores pretendían hacer debutar antes del final de ese año.
Eran automóviles de hasta dos litros de cilindrada, standards, de entre tres y ocho años de antigüedad. Fiat y Peugeot eran las marcas apuntadas para correr.
Pero no todas eran iniciativas para construir, algunas actitudes mezquinas estaban dañando y mucho la actividad.
Ante la escasa cantidad de inscriptos, el Club Los Andes se vio obligado nuevamente a suspender una prueba de Hot Rod programada en el circuito El Faro.
Lentamente, la categoría que muy poco tiempo antes se mostraba fuerte parecía encaminarse al suicidio, envuelta en disputas de poder internas y de instituciones.
Para que quede claro. El Hot Rod no corrió en El Faro por falta de inscriptos pero solo una semana después se presentó en el autódromo General San Martín, organizada por el Auto Moto Club.
Eso fue el 12 de noviembre, compartiendo la programación con el TN 800. En ambas categorías, ganadores repetidos. Carlos Martínez y Emilio Moratinos.
El “Zorro” subió al escalón mas alto del podio de los Fiat 600, acompañado por Carlos Costilla y Cristóbal López.
Moratinos, por su parte, dejó atrás a Jorge Malo, Argentino González, Orlando Rojido, Mario Rodríguez, Eladio Valle, Eduardo Arroyo, Carlos Costilla, Mario González y Tito Das Neves.
El 10 de diciembre la nueva categoría del automovilismo de Comodoro Rivadavia se mostró en sociedad con una presentación más que ambiciosa: las 4hs de Turismo Nacional.
Quince autos iniciaron aquella carrera inaugural en el autódromo General San Martín y once llegaron al final.
Carlos Mottino, montado sobre la cupé Fiat 125 armada por Victorino Viegas mandó en los primeros tramos de la carrera, hasta que rompió el motor, dejando la punta en manos de Emilio Moratinos, que corría el Peugeot 504 de Pipo Stefen, quien no la abandonó hasta el final.
Detrás del gran ídolo, que continuaba acrecentando su prestigio, una jauría de Fiat 125: Fredy Fuhr, de Río Gallegos; Mario Jones, Cristóbal López y Eladio Valle y luego Roberto Barattini, Osvaldo Hilgemberger y Juan José “Corcho” Kank, con Peugeot 504 y Eduardo Arroyo y Carlos Martínez, con Fiat.
Sin desentonar, la nueva categoría había debutado. A partir de allí viviría algunos años de esplendor hasta que, una vez más, las desinteligencias internas la fueron minando hasta hacerla desparecer. Pero para eso todavía faltaba un buen tiempo.
El fin de año se acercaba y el automovilismo se aprestaba a terminar su temporada. En Comodoro Rivadavia y en el país.
Precisamente el Turismo de Carretera cerraba su año con la disputa del Gran Premio, que definiría al campeón, entre dos hombres del equipo Ford: Héctor Luís Gradassi y Juan María Traverso.
Y esa definición iba a ser, ni más ni menos, en el autódromo General San Martín donde se correría la ultima etapa de la gran carrera.
El 10 de diciembre, desde Necochea, el Gran Premio se pudo en marcha, rumbo a Bahía Blanca. Triunfo de Gradassi, a 233 km/h de promedio, aventajando por 13s a Traverso.
La segunda etapa hasta Trelew. Otra vez Gradassi, que se escapaba en la punta, corriendo aun más rápido que el día anterior: 240 km/h. Una cosa de locos si usted recuerda las rutas de 1978.
La tercera etapa, entre Trelew y Esquel fue de Traverso, a más de 173 km/h, achicando muy poco la diferencia.
Después el cuarto parcial, el que llegó a Comodoro Rivadavia desde Esquel. Gradassi adelante, seguido de Héctor Fiorda. Traverso complicado por problemas de gomas llegaba sin embargo al final. No corrían la misma suerte Destéfanis, Loiocco, Von Wernich y Carnevali que quedaban detenidos en algún lugar del tramo.
El remate de aquel Gran Premio se integró con 30 vueltas al circuito de 3.764 metros del autódromo General San Martín, corrido el 17 de diciembre. Traverso se movió con mucha mas astucia que Gradassi, poniendo su auto para funcionar a plena velocidad en la pista.
Así descontó la diferencia que hasta allí acumulaba su compañero de equipo y le agregó 6m33s, mientras Saez terminó tercero.
Las diez primeras colocaciones las completaron Héctor Ríos, Enrique Bravi, Héctor Fiorda, Osvaldo Villaverde, Héctor Buzurro, Osvaldo Lynn y Osvaldo Ameal.
¿Sabe quién fue último en aquel Gran Premio, que vio solo 18 autos en el final? Un Dodge, conducido por un tal… Oscar Aventin.
Traverso le arruinó la fiesta del quinto campeonato a Gradassi y sumó su segundo título consecutivo en la categoría
Solo para la estadística vale mencionar el cierre de temporada del Hot Rod que disputó una carrera que jamás debió correrse, con muy pocos autos y un espectáculo pobrísimo, que solo sirvió para agregar una nueva victoria a la campaña de Emilio Moratinos que, por supuesto, fue el campeón de la categoría.

POR SIEMPRE VILARIÑO

Con el comienzo del año 1977 una nueva esperanza se ponía en marcha para los argentinos amantes del automovilismo. Carlos Alberto Reutemann iniciaba su ciclo en Ferrari, dejando atrás la frustrada experiencia de Lotus.
El 9 de enero, precisamente en nuestro país, Lole debutó con el rojo auto de Maranello en el autódromo de Buenos Aires en una carrera que ganó el sudafricano Jody Scheckter, con Wolf, y en la que ocupó el tercer lugar. Era un buen comienzo de campeonato que se fortalecería una semana después, cuando el hombre de Rafaela ganó por segunda vez en Interlagos y comenzó a proyectarse como uno de los candidatos al título.
El mismo día que Reutemann debutó con Ferrari, por estas latitudes Ramonin Fernández lograba una festejada victoria en el Hot Rod que se presentó en el circuito de Puerto Deseado.
Comenzando febrero, dos pilotos de Comodoro Rivadavia viajaron a Comandante Luís Piedrabuena para participar de una carrera de TC 5000, que ganó el riogalleguense Miguel Mayeste.
Uno de los comodorenses, Emilio Moratinos, abandonó rápidamente y el otro, Juan Carlos Pires, montado sobre un llamativo Chevrolet de los años 30, de color verde, dotado de un poderoso motor V8, consiguió un meritorio segundo lugar.
Ese año hubo que esperar hasta el 20 de marzo para ver automovilismo en Comodoro Rivadavia. Fue en El Faro donde corrió el Hot Rod Estandarizado una carrera válida por el campeonato interno de Los Andes.
Orlando Araneda logró ese día su única victoria en la categoría, dejando atrás a Evaristo Guzmán, Orlando Rojido, Héctor Grandoso, Eduardo Berthe, Walter Cristiani, Avelino Panquilto, Ramón Arias, Rubén Castro y Fernando Rodino.
Mientras tanto, en la misma jornada, pero en Río Gallegos, Miguel Mayeste hilvanó su segunda victoria consecutiva en el TC 5000 en tanto fuera de carrera quedaba Carlos Costilla con “La Turbina”, adquirida a Moratinos y en sexto lugar se ubicaba Jorge Petrinoli, conduciendo un auto atendido por Alfonso Rementería.
El 10 de abril, el Hot Rod volvió a El Faro, esta vez acompañado por los Fiat 600. En la categoría menor fue triunfo contundente de Cacho Bustos, quien se impuso en las tres series disputadas. Corriendo a 101,034 km/h, le ganó por 4m22s a Poly Castañeda, por una vuelta a Eduardo Omaecheverria, por tres vueltas a Lalo León y por varios giros a Eduardo García, Carlos Martínez, Ernesto Castro, Miguel Ostric, Carlos Morales y el caletense “Cheyenne”.
Mucho mas disputada resultó la final del Hot Rod, que en sus primeros tramos ofreció un interesante duelo entre Jorge Malo y Evaristo Guzmán que duró hasta que este último perdió una rueda y cedió el lugar de escolta a Ramón Arias.
En la octava vuelta Arias se quedó con insalvables problemas mecánicos y Malo comenzó a padecer una falla que lo fue retrasando y que en la vuelta siguiente le hizo perder el liderazgo en manos del truncadense José Rodino.
Finalmente el ganador fue Rodino, a 111,756 km/h de promedio, dejando a 15s2/100 a Orlando Rojido. Mas atrás, lejos de toda conversación por la punta, Fernando Rodino, Héctor Grandoso, Pipo Stefen y Joaquín Iturriza.
Fuera de carrera, Jorge Malo, Ramón Arias, Totó Matías, Alberto Balero, Evaristo Guzmán y el valletano Jorge Taffetini que se había venido a correr con un auto del TC Chubutense.
Un mes después, el 8 de mayo, ambas categorías repitieron la presentación en Km 8. En una nueva demostración de contundencia Cacho Bustos arrasó en 800cc, ganándole por más de 30s a Mingo García y por 38 segundos a Chacho León.
La misma solvencia para el triunfo demostró el Negro Vernetti en Hot Rod al imponerse de punta a punta en la final, corriendo a 114,099 km/h sin que nada pueda hacer Pepe Rodino que terminó a 39s del ganador. Luego, Walter Cristiani, Fernando Rodino, Héctor Grandoso, Orlando Rojido, Manuel Do Brito, el Yagua Saez y Joaquín Iturriza.
El 5 de junio el Hot Rod Regional cumplió una fecha en Caleta Olivia, válida por el campeonato de la Regional XII. Ganó el Potrillo Vega tras una dura batalla con Vernetti que se definió en los últimos giros por menos de dos segundos. Tercero en la porfía, a 2s1/10, El Griego y luego Pepe Rodino, Fernando Rodino, Avelino Panquilto, Héctor Grandoso, Joaquín Iturriza, Carlos Seleme y Roberto Resgemburger.
El Hot Rod Regional mostraba una vez más que podía ofrecer una paridad que el Estandarizado por el momento no podía brindar.
Mientras el automovilismo hacía su camino e intentaba crecer, el 14 de julio de aquel 1977 uno de sus más emblemáticos impulsores se iba para siempre de este mundo.
Víctima de un maldito cáncer, ese día dejaba de existir Raúl Andrés Vilariño, presidente del Auto Moto Club Comodoro Rivadavia y de la FRAD 12.
En su despedida final la entidad madre del automovilismo comodorense expresó a través de un comunicado de prensa: “Los grandes triunfadores nunca mueren y en tu caso, viejo, ni la vida misma te ha ganado la batalla. Culminaste una etapa y simplemente te bajaron la bandera a cuadros. Savia misma de un deporte bravo, en la imponencia del paisaje agreste, queda plasmada tu obra más excelsa. Música de mar, marco de cerros, desafío al viento, mirando al cielo queda tu obra en cuyo trazo negro de asfalto y curvas vibró mil veces tu corazón de tuerca. Leal amigo, arquetipo de dirigente, dejas un legado de amor por un deporte y un ejemplo de humildad y abnegación. Por eso en esta circunstancia del destino, henos aquí, viejo, tus amigos, como en tantas otras jornadas que juntos compartimos”.
A pesar del dolor, la vida sigue. El primero de septiembre, Néstor Blanco fue elegido presidente de la FRAD 12 en reemplazo de Vilariño y veinte días después el Hot Rod y los Fiat 600 subieron al asfalto del autódromo de Comodoro Rivadavia como homenaje a su mentor.
Cacho Bustos no consiguió el triplete que fue a buscar, aunque abandonó marchando en punta y dejó la victoria en manos de Carlos Martínez que en un esfuerzo supremo le ganó por apenas 1/10 de segundo al valletano Pedro Arranz.
La categoría mayor, por su parte, mostró ese día una variante interesante al mezclar en una misma carrera al Hot Rod y los autos del TC Chubutense.
Ganó un auto del Hot Rod, con Jorge Malo al volante pero el TC no desentonó y se quedó con el segundo lugar, conseguido por el portuario Julio Cesar Bona.
El 12 de octubre el Auto Moto Club inició una nueva etapa de su vida institucional con la llegada a la presidencia de un socio fundador apasionado por los fierros: Julio Guerreiro.
Emprendedor, polémico, tozudo, Guerreiro no le mezquino esfuerzo a la cosa y marcó a fuego su impronta en la historia del club a través de una gestión de años plagada de realizaciones.
El 23 de octubre, mientras en Japón el austriaco Niki Lauda se negaba a correr bajo la lluvia por no darse las condiciones mínimas de seguridad, resignando la posibilidad de obtener su tercer título mundial y dejando como campeón a James Hunt, el automovilismo vernáculo corrió en el General San Martín. Fiat 600 y Hot Rod fue la propuesta.
Pese a no ganar ninguna de las dos series disputadas, el Zorro Martínez fue el ganador de la suma de tiempos del TN 800, superando por la mínima diferencia de 1/10 a Quique Martínez, por 1s7/10 a Pedro Arranz, por 3s3/10 a Chacho León y por mas de 30s a Manzel Jones.
En Hot Rod, Moratinos, Arroyo y Vernetti ofrecieron un espectáculo formidable a través de tres series por suma de tiempos. En los cómputos finales fue una nueva victoria para el “Patagónico Volador”, con 4s5/10 de ventaja sobre Eduardo Arroyo y 54s3/10 sobre Vernetti que había resignado sus posibilidades en la primera serie con una goma pinchada y no le alcanzó con ganar las dos restantes.
Fuera de la lucha por la punta, cuarto fue Petrinoli, quinto Vega, sexto Purzel, séptimo Fernando Rodino, octavo el sarmientito Raúl Colo y noveno Ramón Arias.
Aquella temporada 77 que no tuvo grandes picos de atracción y apenas fue un año de transición, llegó a su fin el 27 de noviembre con una presentación del Hot Rod en el autódromo que solo sirvió para que Moratinos engrosara su estadística con una nueva victoria, esta vez clara y contundente.
Segundo, pero muy lejos, fue Pipo Stefen, tercero Purzel, cuarto Evaristo Guzmán, quinto Corcho Kank, sexto Arroyo y séptimo Vernetti.
La temporada se fue y dejó como saldo la consolidación del TN 800 que ofrecía espectáculos vibrantes y cierta anemia del Hot Rod que no lograba superar las fracturas internas. La sensación generalizada era que al automovilismo comodorense le estaba faltando algo para estar completo.
Ese algo llegaría al año siguiente de la mano del Turismo Nacional Promocional Standard que comenzaría a adueñarse del escenario fierrero de la época.

LA VUELTA DE SANTA CRUZ

El 25 de marzo de 1972, la inquieta Asociación Española de Socorros Mutuos de San Julián puso en marcha, una vez mas, aquella fantástica carrera que era la Vuelta de Santa Cruz que en esa ocasión, en seis etapas, recorrió algo más de 3.266 kilómetros.
Dos categorías, la “A”, para máquinas de hasta 850 cc de cilindrada y la “C”, con un tope de dos litros, lograron reunir mas de cincuenta autos en la línea de largada, en San Julián, desde donde, uno a uno y a intervalos de 30 segundos, fueron partiendo los protagonistas rumbo a Fitz Roy, Caleta Olivia, Pico Truncado, Jaramillo y final en Puerto Deseado para totalizar 605 km en la primera jornada.
Varios comodorenses fueron de la partida y disputaron la carrera con suerte dispar. En la categoría menor, Eduardo León, Enrique Lola y Mario Vernetti, todos con Renault Gordini y Mario Ogas con el Fiat 600 pusieron en marcha su ilusión aquella mañana. En la categoría hasta dos litros, Héctor Costilla, Julio Guerreiro y Juan José Kank, con Peugeot 504 y Mario Jones con la cupé Fiat, llevaron la bandera de la Capital del Petróleo.
Al final de la etapa, en Puerto Deseado, lo de los comodorenses era espectacular. En la categoría “A”, donde mandaba el Gordini de Gobernador Gregores piloteado por Roberto Schubpak, Vernetti estaba segundo, Lola tercero, León cuarto y Ogas séptimo. En la mayor, detrás de los ganadores de la etapa, Mario Celentano con Raúl Favre, con un Peugeot, “Corcho” Kank se ubicaba segundo; Héctor Costilla, cuarto y Mario Jones, octavo. Muy retrasado, con problemas mecánicos, Julio Guerreiro aparecía en el puesto dieciocho.
Al día siguiente el segundo tramo, desde Puerto Deseado a Perito Moreno, a través de 467 kilómetros.
Aunque la etapa la ganó Carlos “Lechón” Fernández, con el Peugeot, Kank, que fue segundo, se apoderó del liderazgo en la general de la clase “C”, ante el retraso de Celentano-Favre que con el auto que preparaba Juan Carlos Kristiansen rompieron un palier entre Las Heras y Perito Moreno y quedaron relegados al decimosegundo lugar. Mario Jones trepaba al quinto lugar y Guerreiro, que continuaba con problemas se conformaba con llegar al final. A esta altura de la carrera ya no estaba Héctor Costilla que había quedado en algún lugar del camino antes de llegar a Perito Moreno.
En la categoría menor, esta etapa marcó la debacle de los comodorenses. Mario Ogas quedaba definitivamente fuera de carrera con el auto “kaput”; Mario Vernetti dejó medio Gordini en un badén, entre Las Heras y Perito Moreno y a duras penas llegó al final en el decimoquinto lugar; Eduardo León rompió la bomba de aceite y se cayó hasta el noveno puesto y Enrique Lola quemó la junta de tapa de cilindros y muy lejos de la punta arribó a Perito Moreno en el decimocuarto lugar.
El drama comenzó a desatarse en esta etapa, cuando a 20 kilómetros de Las Heras volcó en forma espectacular el piloto de San Julián, Luís Cuesta, quien resultó ileso, pero su hermano, Severiano, que lo acompañaba, sufrió gravísimas heridas que obligaron a su urgente traslado al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia.
Tras un día de descanso, el 27 de marzo, se largó la tercera etapa, desde Perito Moreno hasta San Julián, a través del imponente valle del río Pinturas, para recorrer 743 kilómetros.
El fueguino Constante Moreno Preto, con Peugeot, se adueñó de la etapa, pero el gran negocio lo hizo “Corcho” Kank, que con el tercer lugar consolidaba su liderazgo en la general, con más de 12 minutos de ventaja sobre Carlos Serantes y casi 20 minutos sobre Oscar Manzanares.
Julio Guerreiro, mejorando algo lo hecho hasta allí, lograba el décimo lugar en la etapa, aunque no le servía para trepar demasiado en la general por un grueso recargo sufrido en Perito Moreno, cuando entregó fuera de término el auto al parque cerrado, luego de la reparación.
Mario Jones veía esfumarse sus pretensiones a 180 kilómetros de Perito Moreno cuando rompió un brazo de suspensión y perdió muchísimo tiempo en el cambio. Fue el último en arribar a San Julián y descendió al decimoquinto lugar en la general.
Entre los más chicos, Eduardo León, con su victoria en la etapa lograba ascender tres puestos en la general y se ubicaba sexto; Lola trepaba al décimo lugar y Vernetti a duras penas se mantenía en carrera.
Roberto Schubpak, con firmeza y comodidad, dominaba la carrera en la clase “A”, luego de recorrer 1.813 kilómetros, aventajando por 24 minutos a su coterráneo Alejandro Mallada.
Un nuevo descanso y el 29 de marzo otra vez mas de 700 kilómetros de marcha, para ir de San Julián hasta Río Gallegos, pasando por Comandante Piedrabuena, Monte León, Fortaleza, El Calafate y La Esperanza.
El “Lechón” Fernández, con el Peugeot de la Peña Petrolero Austral de Río Gallegos ganó la etapa, superando a Juan José Kank que sin embargo se seguía escapando en la general, a Oscar Manzanares y a Mario Jones.
Henry Fort ganó la etapa en 850 cc, seguido por el recuperado Enrique Lola, mientras la carrera se terminaba para Eduardo León antes de llegar a la capital de Santa Cruz y Roberto Schubpak, puntero hasta allí se retrasaba considerablemente.
La quinta etapa, corrida el día 31 de marzo, fue un ida y vuelta de Río Gallegos a Río Turbio, a través de 496 kilómetros que ganó Kank en la mayor y Alejandro Mallada en la menor, adueñándose del primer lugar en la general. Enrique Lola, quinto en la etapa, padeció problemas mecánicos que al día siguiente lo dejarían fuera de carrera.
El 1 de abril, el remate de la carrera, con la disputa de la sexta y última etapa, entre Río Gallegos y San Julián, transitando por la ruta 3 los 407 kilómetros de recorrido.
Otra vez triunfo para Kank que llegaba victorioso a San Julián, sin sospechar lo que vendría, que dejó al piloto de Ushuaia, Constante Moreno Preto como el ganador absoluto de la carrera.
Entre los mas chicos, la etapa la ganó Alejandro Mallada con el Gordini y se adueñó de la general en 33h35m27s, superando por 29 minutos a Henry Fort (Fiat 600), por 1h19m al Renault 4 de Armando Ordoñez y por 2h14m30s a su compañero de equipo, Roberto Schubpak, con otro Gordini. En el último tramo el Renault de Enrique Lola, herido por el esfuerzo, dijo basta y lo dejó de a pie muy cerca del final.
Pero la carrera no había terminado con la bajada de bandera y la revisación técnica depararía sorpresas desagradables cuando el Comisario Técnico comprobó anomalías reglamentarias en los autos de “Corcho” Kank (1°), Carlos Narvarte (3°) y Hansel Paterson (5°), quienes fueron excluidos.
Conocida esta decisión, los pilotos involucrados dieron a conocer un comunicado de prensa, mediante el cual reconocía como legítima la decisión de las autoridades de la prueba y responsabilizaban por la violación al reglamento al preparador de los motores de los tres autos, el porteño Alberto Gómez.
Ahora si, la Vuelta a la Provincia de Santa Cruz había terminado, con victoria para Moreno Preto, con Peugeot, en 24h33m30s, aventajando por 32m36s a Carlos Fernández, por 2h03m07s a Mario Saez, por 2h44m53s a la cupé Fiat de Mario Jones; por 3h57m02s a Celentano -Favre, por 3h57m19s a Rene Díaz, por 4h37m10s al Peugeot de Humberto Fernández y por 8h50m al modesto Fiat 128 de Mario Freile.

UN AÑO DE GRANDES CARRERAS

El año 1970 se caracterizó por la realización de grandes carreras. La presencia del automovilismo nacional en el autódromo General San Martín, la participación de pilotos de Comodoro Rivadavia en el Gran Premio y carreras como la Vuelta a la Provincia de Santa Cruz, las 24 horas de Rio Gallegos o las 6 horas de Puerto Santa Cruz, sumadas a la presencia de pilotos nacionales en las carreras regionales, marcaron la temporada.
La nueva y atractiva categoría Turismo de Carretera, que tantas expectativas despertaba en la afición, fue la encargada de abrir la temporada 70 en el autódromo General San Martín, pero su participación se vió teñida por el fracaso, cuando solo se inscribieron ocho autos y apenas cinco se presentaron a correr.
En una pálida carrera, disputada en dos series por suma de tiempos, la victoria final fue para el experimentado piloto nacional Adrián Villegas, con un Torino, quien le ganó por mas de 23 segundos a la Liebre 1 y ½ del valletano Benito Calvo. Mas atrás, Hugo Bimboni, con un Torino; el fantástico Paniza Tornado de Mario Velazco y el Torino del santacruceño Roberto Mascitelli.
En la categoría 800 cc, que actuó como partenaire, Jorge Velazco ganó superando con comodidad a Eduardo James, Eduardo “Pety” García, “Los Turcos”, Cesar Algarra, Mario Behr, Angel Camarero y Oscar Ebene.
Poco mas de un mes después, el 22 de Marzo, el gran automovilismo nacional desembarcó en Comodoro Rivadavia. Mecánica Nacional Formula 1 y Sport Prototipos. Lo mejor que se podía ofrecer en autódromos.
Lamentablemente, en los entrenamientos previos de la Formula 1, el día sábado, Ruben Luis Di Palma sufrió un violento accidente en la zona del curvón que obligó a colocarle una bota de yeso que le impidió participar de ambas categorías. La carrera se quedó sin el “loco”, quizas la mayor atracción, aunque no por eso perdió interés, ya que el resto de los nombres no eran cosa menor, fijese si no: Angel Monguzzi, Omar Cuvertino, Emilio Bertolini, Jorge Ternengo, Carlos Marincovich, Carlos Pascualini, Eduardo Copello, Nestor García Veiga, Nasif Estefano, Carlos Pairetti, Hector Luis Gradassi, Juan Manuel Bordeu, Francisco Mayorga, Carlos Ruesch y Jorge Cupeiro. Talento para tirar para arriba.
El sábado corrió la Fórmula 1 dos series por suma de tiempos. En la primera ganó Monguzzi seguido por Cuvertino, Bertolini, Favre y Ternengo.
En la segunda, ya tranquilo con la diferencia acumulada, Monguzzi cuidó y fue segundo de Bertolini, quedandose con la suma de tiempos.
La suma total dejó como ganador al cordobés Monguzzi, a 158,549 km/h de promedio, con 41s de ventaja sobre Bertolini, 54s8/10 sobre Cuvertino, una vuelta sobre Ternengo y dos vueltas sobre Daniel Favre.
El plato fuerte fue el domingo, con la carrera de Sport Prototipos, aquella fantástica categoría que sin embargo duró muy poco porque la realidad económica del país no podía sostenerla.
Tres apasionantes series a quince vueltas para determinar el ganador por suma de tiempos.
Y mire que autos: dos Chelco Chevrolet oficiales, con García Veiga y Monguzzi al volante, dos Numa IV Tronado del equipo semioficial de Carlos Ruesch, con Ruesch y Copello, dos Formisano Ford extraoficiales, con Marincovich y Estéfano, dos Pronello Ford oficiales, con Pascualini y Mayorga, el Bellavigna Dodge, conducido por Bordeu, una Liebre III Chevrolet, con Jorge Cupeiro y el fantástico Steven Chevrolet, mas conocido como “Trueno Naranja”, menejado por Carlos Pairetti.
Pero vamos a la carrera. Apenas iniciada la primera serie, Marincovich se adelantó a todos y cumplió la primera vuelta en punta, seguido por Pascualini, Copello, García Veiga y Estéfano.
Y allí empezó una lucha endemoniada. En la segunda vuelta, Marincovich seguía al frente pero ahora perseguido por García
Veiga, que había avanzado dos lugares, Pascualini, Copello y el “turco” Estéfano.
En la cuarta vuelta, con graves problemas de temperatura, Pairetti se va a boxes y Pascualini comienza a retrasarse, mientras el “cardenal” Copello comienza su arremetida que en el octavo giro lo pondrá en la punta de la carrera, desplazando a García Veiga, Marincovich (que ya venía con problemas de temperatura) y Estéfano.
Pero nada estaba definido todavía porque faltaba la vuelta diez, aquella en la que el “Nene” construyó una genialidad en la viborita para quitarle la posición de privilegio a Copello y comenzar una escapada que lo llevó a quedarse con la serie.
La primera parte de la carrera finalizó con el Chelco Chevrolet de García Veiga adelante, seguido a 6s por Copello, a 8s10/10 por Estéfano y ya muy lejos, Marincovich, Gradassi, Bordeu, Mayorga, Ruesch, Cupeiro, Monguzzi, Pascualini y Pairetti.
Un intervalo y otra vez a la pista, para la segunda serie, con todos los protagonistas de la primera menos Carlos Ruesch, con problemas de motor.
García Veiga adelante hasta la vuelta cuatro, cuando Copello lo supera e intenta la escapada. Sin embargo el sanjuanino no pudo sacarse nunca de encima al Chelco que en la penultima vuelta recuperó la punta para ganar por 1s7/10 y estirar un poco mas la diferencia. Segundo fue Copello, tercero Estefano, cuarto Marincovich, quinto Gradassi, sexto Mayorga, séptimo Cupeiro, octavo Bordeu, noveno Pairetti y décimo Monguzzi.
Todo quedaba para definirse en la última serie en un casi mano a mano entre García Veiga y Copello.
Y la última parte de la carrera fue sencillamente apasionante, como correspondía a una definición entre dos grandes de verdad.
Copello adelante en la primera vuelta, seguido por el de Arrecifes ahí nomas.
En la vuelta cuatro, el Chevrolet adelante y Copello en la persecución y en la vuelta siguiente otra vez las posiciones invertidas.
En la séptima vuelta ataca García Veiga y es puntero pero en la décima Copello recupera lo suyo. El público, agradecido.
Si algo caracteriza a un grande es no darse por vencido jamas, por eso no extrañó que a cuatro vueltas del final García Veiga fuera otra vez puntero. Como para liquidar el pleito.
Pero atrás estaba Copello, perfecta conjunción de talento y experiencia que llevando el auto con la punta de los dedos, con la sutileza de los maestros, encaró el curvón por afuera, cuando el guard rail todavía estaba allí nomas, para quedarse con la serie. Casi de fantasía.
Sin embargo no alcanzó. Nestor Jesús Garcia Veiga se quedó con la suma de tiempos, ganandole a Eduardo Copello por 6s6/10 a un promedio de 162,340 km/h.
Lejos de la lucha por la punta, mas atrás terminaron Marincovich, Gradassi, Bordeu, Cupeiro, Estefano, Ruesch, Monguzzi, Mayorga, Pascualini y Pairetti.

EL SUEÑO MAS GRANDE

Una semana después de finalizado el Gran Premio de Turismo de 1969, el Turismo de Carretera de la región corrió en el compactado de Gaiman. A 117,300 km/h ganó Mario Velazco, con el Panizza Tornado; a 1m03s terminó segundo el comodorense Willy Kank, con la Liebre 1 ½; tercero a 1m19s el Crespi Tornado de Hugo Bimboni y en el cuarto lugar, a 1m34s, Benito Calvo, conduciendo la Garrafa que los hermanos Bellavigna habían construido años antes para Andrea Viannini, impulsada ahora por un motor Tornado.
Cuando promediaba la primavera de aquel año 69, el nuevo trazado del autódromo General San Martín comenzó a cubrirse de asfalto. Ya era presidente del Auto Moto Club, Raúl Andrés Vilariño, que sería el encargado de inaugurar las obras que juntos habían soñado y concretado con el inolvidable Juan Bautista Fernández y tantos otros.
Habilitado para la visita de la prensa, aún sin terminar, se pudo comprobar que se trataba de un dibujo de 3.764 metros de extensión que no difería demasiado del anterior trazado de tierra, aunque se incorporaba una zona de curvas que luego sería conocida como la “viborita” y fundamentalmente se le cambiaba el sentido de giro para adaptarlo al criterio universal de dar vueltas en el sentido de las agujas del reloj.
Tras la visita, todos coincidieron en lo mismo: sería un circuito muy rápido. Un mes después, los pilotos del Turismo de Carretera Nacional confirmarían tal presunción.
¿Quién que lo haya vivido podrá olvidar el 14 de diciembre del año 1969? Aquel día, toda una ciudad concretaba un sueño gracias al trabajo constante, generosamente desinteresado, apasionado, incansable, tozudo, enorme de un puñado de sus hijos que creyó de verdad aquello de “si puedes imaginarlo, puedes hacerlo”. Un grupo de hombres profundamente comprometidos con la responsabilidad que habían asumido y que supo aprovechar con lucidez las oportunidades que el momento brindaba para concretar una obra gigantesca. Un ejemplo de dirigentes.
Con la disputa del “Gran Premio Nuevas Naftas YPF” para el Turismo de Carretera, organizado en forma conjunta por el Auto Moto Club y el Club Ingeniero Luís A. Huergo, brazo social y deportivo de la poderosa Yacimientos Petrolíferos Fiscales, el flamante autódromo de Comodoro Rivadavia, concretado merced al apoyo de la empresa estatal, quedaba inaugurado.
El Gobernador de la provincia del Chubut, contralmirante Guillermo Pérez Pitton; el Intendente Municipal, capitán de fragata Pedro Amarante; las máximas autoridades de YPF y del Auto Moto Club, fueron los encargados de presidir la ceremonia de inauguración, en la que el reverendo padre Juan Corti bendijo las instalaciones.
A las tres de la tarde con cincuenta minutos, los autos salieron a la pista. Las Liebre III, el Halcón Ford, el Trueno Naranja y otros ejemplares de esa envergadura, atronaron el aire comodorense circulando por el inmaculado asfalto del autódromo General San Martín.
Pilotos de la talla de Luís Di Palma, Carlos Pairetti, Gastón Perkins, Jorge Ternengo, Oscar Mauricio Franco y otros, comenzaban a desentrañar los secretos del nuevo escenario.
La gente, desbordando la capacidad del circuito, ocupando cada centímetro de tierra disponible para ver la carrera. Una fiesta grande, como merecían quienes la soñaron.
¿La carrera? Un concierto de Luís Di Palma y su Liebre III, ganando las dos series disputadas, clavando el record de vuelta en 1m26s7/10, derrochando talento para que disfruten los patagónicos.
Tras cuarenta vueltas de carrera, divididas en dos series, Di Palma ganó en 1h00m11s1/10, a 150,097 km/h. Detrás del inolvidable arrecifeño, Jorge Ternengo, con el Halcón Ford; Carlos Alberto Pairetti, con el trueno Naranja; Gastón Perkins y Oscar Mauricio Franco, con sendas Liebre III; Adrián Villegas, con una Liebre II; Héctor Rey, con Liebre 1 ½; Matías Mujica, con Torino y José Gallo y Norberto Castañon, con Chevrolet.
Di Palma se iba feliz con su victoria, Gastón Perkins festejaba en Comodoro Rivadavia la obtención del título de campeón del TC, y todos se retiraban alegres. La ciudad tenía ahora un escenario de primer nivel, para su propio automovilismo y para montar espectáculos de la máxima jerarquía nacional.

A CORRER A OTRO LADO

A mediados de 1969 el circuito de Comodoro Rivadavia se cerró a toda actividad para permitir la construcción del nuevo autódromo, lo cual desplazó las carreras hacia otras latitudes.
El 8 de junio, los 850cc, los Ford T y las camionetas, corrieron en Trelew. Cesar Algarra, que ya parecía imbatible, ganó entre los mas chicos, dejando atrás a Severino Cuesta, “El Zorrino”, Héctor Ebene y Carlos Ruiz.
En Ford T, el veteranísimo Eliseo Diez se impuso sobre Oscar Ebene y en la categoría camionetas, que cerró el espectáculo, Mario Velazco, corriendo a 92,588 km/h, vio facilitado su triunfo por el abandono de Vicente Giannotta y venció a Jorge Fara y Julio Cesar Bona.
El 27 de julio la cita fue en Gaiman, aunque con otras categorías: 850cc, Compactos Nacionales y Turismo de Carretera.
Carlos Ruiz ganó con el Fiat 600, seguido por Eduardo James, “El Zorrino”, “El Vasquito” y Ricardo Vicente.
Entre los Compactos, la victoria fue para el Beto Rodríguez, ahora con un Torino, a 112,213 km/h, ganándole por 9s al otro Torino, conducido por “Firulete”.
Por esos días, aparecía en la región una categoría que haría furor: el Turismo de Carretera. Con varios autos venidos del TC nacional, muchos autóctonos pero poderosos y la muy seguida participación de pilotos de renombre en el país, la división pronto se ganó el favor del público.
Aquella tarde en Gaiman, el trelewense Mario Velazco, conduciendo un Panizza Tornado ganó tras 1h13m07s de carrera y 45 vueltas al circuito, promediando 119,998 km/h. Segundo fue Benito Calvo, con Torino, a 2m17s; tercero a 3m09s se ubicó José María Aristizabal, con la Liebre 1 ½, cuarto a 2 vueltas fue “Firulete” con Torino, quinto el Falcon F 100 de Domingo López Oribe, a 6 vueltas; sexto fue Willy Kank, con el Chevrolet 39 motor Tornado y séptimo, Mario Piedrabuena dando muchas ventajas con su Peugeot 404, a 22 vueltas.
Llegado octubre, una vez más, un puñado de patagónicos llenos de ilusiones se fue a correr el Gran Premio Nacional de Turismo. De Comodoro Rivadavia, con un Fiat 1100 y el número 73, Raúl Blanco; con el 133 Carlos Fernández y con el 141 Selin Kesen, ambos con Peugeot 404 y con el 210 Willy Kank y el 222 Santos Muniain, los dos con Torino.
De San Julián, con el 181, Severino Cuesta, con una coupé Fiat 1500 y de Río Gallegos, José Maria Aristizabal y Vicente Edreira, con Torino.
El Gran Premio se largó a las cero horas del día 21 de octubre desde Bahía Blanca, con destino a Rawson, cuando se puso en marcha el Torino número 201, conducido por Alberto Rodríguez Larreta (“Larry”).
La primera etapa, que se cobró la vida de Eduardo Boyadjian a solo 50 kilómetros de la largada, dejó fuera de carrera a Willy Kank, a la altura de Carmen de Patagones y vio volcar espectacularmente en Arroyo Verde a Santos Muniain. José María Aristizabal ni siquiera pudo iniciar la carrera.
El final, en Rawson, sorprendió en punta a Luís Rubén Di Palma (mucho tiempo después sería Rubén Luís) con el Torino, a su vez ganador de la categoría “C”. En la intermedia, el puntero era Paco Mayorga, con Peugeot 404, mientras Kesen se ubicaba 12°, Carlos Fernández 23° y Severino Cuesta 27°. En la clase menor, el dueño de la carrera era Rubén Alonso, con el Renault 1093 y Raúl Blanco se ubicaba 46°.
El segundo tramo, que unió Rawson con Río Gallegos, tuvo una neutralización de 30 minutos en Comodoro Rivadavia. Los autos arribaron a kilómetro 9 y luego reiniciaron la marcha desde la zona del Barrio Industrial.
A las 8h20m del 22 de octubre, el rugiente Torino del cordobés Héctor Luís Gradassi, fue el primero en arribar a la Capital Nacional del Petróleo y tras él, ovacionado por la gente que siempre lo idolatró, el “Loco” Luís. Media hora después, todos se fueron rumbo al sur, pero con la promesa de volver seis días después para finalizar la cuarta etapa.
Al final del tramo, en Gallegos, Gradassi se había hecho de la punta de la carrera, desplazando a Di Palma; Mayorga mantenía la punta de la clase “B”, en la que se observaba la caída de Kesen al 21° lugar y el ascenso de Fernández al 20° y en la mas chiquita, mientras Alonso se escapaba en punta, Blanco trepaba hasta el 34° puesto.
La tercera etapa, corrida el día 26 de octubre fue un ida y vuelta de Río Gallegos a Punta Arenas que permitió a “Pirin” Gradassi mantenerse al frente aunque con Di palma mucho mas cerca. En la clase menor, Raúl Blanco se despedía de la carrera en algún lugar del camino, al tiempo que Angel Monguzzi, con Renault 1093 le arrebataba el primer lugar a Alonso. En la “B”, Mayorga se mantenía firme, Carlos Fernández ganaba una posición y llegaba al 19° lugar, Selin Kesen seguía perdiendo colocaciones y estaba 23° y Severino Cuesta Aparecía en 33° posición. El cuarto tramo terminó en Comodoro Rivadavia, el 28 de octubre. En el camino desde Gallegos, habían quedado las aspiraciones de Selin Kesen, con el cubre volante roto y de Severino Cuesta.
Eran las 14h55m34s cuando el primer auto recibió la bandera a cuadros en la recta de la ruta 3, frente al autódromo. Era el Torino de Cesar Horacio Malnatti, primero en el camino y 6m18s después entró “Larry”. Después de ellos, Carlos Ruesch, Héctor Luís Gradassi, Norberto Castañon, Eduardo Casá y el “Nene” García Veiga. A las 17h57m54s, llegó el Peugeot de Carlos Fernández.
Muy cerca de Comodoro Rivadavia, por Punta Peligro, había quedado el Torino de Di Palma, hasta entonces puntero en el camino. Dicen que algún comodorense, tan fanático como inconciente, se metió con su camioneta particular a la ruta y lo empujó hasta la ciudad, mientras el resto de los autos seguía en carrera. Dicen, jamás pude comprobarlo fehacientemente.
La realidad es que con cuatro etapas cumplidas, “Larry” se apoderaba del liderazgo ante el abandono de Di Palma; Carlos Fernández escalaba al 12° lugar en la clase “B”, donde ahora mandaba Norberto Castañon y el Negro Monguzzi se escapaba en la menor. Silenciosamente, un Torino empezaba a aparecer muy bien ubicado en la clasificación de la categoría mayor: el del riogalleguense Vicente Edreira.
El quinto esfuerzo fue el 30 de octubre, desde Comodoro Rivadavia hasta Bariloche. Por allí, Rodríguez Larreta ya se perfilaba para ganar el Gran Premio, acumulando muy buena ventaja sobre sus perseguidores, mientras Edreira ya aparecía quinto en la general de la categoría mayor en excelente trabajo.
Otra actuación muy buena era la de Carlos Fernández, que lograba meterse 10° en la categoría que lideraba Castañon y en la menor, ya no estaba Monguzzi y la punta la heredaba el binomio cordobés integrado por José Cano y Héctor Acosta.
El 31 de octubre el Gran Premio fue a Neuquén. “Larry” se escapaba y Edreira mantenía el quinto lugar, al tiempo que Carlos Fernández subía al octavo puesto a 4h09m de Castañon.
El 2 de noviembre la carrera finalizó en Santa Rosa, La Pampa. Nadie pudo con el Torino de “Larry” que se quedó con el triunfo en 40h38m17s. A 23m29s del ganador, terminó segundo Cesar Malnatti y a 26m42s, tercero, Carlos Ruesch. Vicente Edreira, finalmente, ocupó el quinto lugar, a 5h06m50s del puntero.
En la categoría intermedia, Norberto Castañon llevó el Peugeot 404 al triunfo en 42h19m59s, aventajando por 9m46s al Fiat 1500 de García Veiga, por 2h23m57s al “Tuqui” Casá, por 3h00m36s a Carlos Marincovich, por 4h13m53s al rosarino Ricardo Bonnano, todos del equipo oficial Peugeot y por 4h20m20s al notable comodorense Carlos Fernández, que ubicó el mejor auto particular de la categoría en el sexto lugar final.

EL CAMPEONATO REGIONAL

Desde finales del año 1968, la actividad automovilística de Chubut y Santa Cruz comenzó a ser fiscalizada por la Federación Regional de Automovilismo Deportivo Patagonia, dependiente del Automóvil Club Argentino. Un intento de organización y unificación regional que, sin embargo, no prosperó y terminó en el fracaso quizás porque mas allá de la buenas intenciones la realidad mostró su inviabilidad, cuando las enormes distancias patagónicas impidieron un manejo fluido de la actividad.
Lo cierto fue que aquel año 69 se desarrolló el primer y único Campeonato Regional que se haya corrido abarcando las dos provincias.
En Comodoro Rivadavia, mientras tanto, los inquietos dirigentes del Auto Moto Club se dedicaban a soñar a lo grande y planificaban para la ciudad un gran autódromo que no solo sirviera para desarrollar la actividad local sino también para convocar a las máximas categorías nacionales. Gracias al apoyo de la por entonces poderosa YPF, sobre fines de año el nuevo autódromo sería una realidad inaugurada con la presencia del Turismo de Carretera.
Pero no nos apresuremos. El 9 de febrero, Comodoro Rivadavia fue la encargada de abrir el calendario automovilístico con una presentación del TC 5000cc, una categoría nacida en la zona de Río Gallegos y que ahora se mostraba en Chubut.
Aquella tarde, Willy Kank, con el Torino, le ganó al Falcon ex Cabalen de Edgardo Thevenon tras un gran duelo en pista que sobre el final se definió a favor del comodorense. Mas atrás, Tim Lorenzo y Juan Iparraguirre.

Willy Kank adelante y en su persecución, Edgardo Thevenon, de Río Gallegos.
El circuito, el viejo trazado de tierra del barrio Industrial de Comodoro Rivadavia.
(Foto:  Diario Crónica)


Otra imágen del mismo 9 de febrero de 1969. Tim Lorenzo
adelante, atras, Juan Iparraguirre.
(Foto (Diario Crónica)
Exactamente un mes después, el 9 de marzo, toda la actividad se desplazaba hacia el autódromo municipal de Río Gallegos, de 3.856 metros de extensión. Allí, además del TC 5000 corrió la categoría de autos de turismo de hasta 2000cc de cilindrada.
En la categoría mas pequeña fue triunfo de punta a punta de Héctor Costilla, con la coupé Fiat 1500, tras soportar el acoso constante del trelewense Rubén Calle (Metaplomo) que al final terminó segundo; tercero fue Oscar Hawkins y el cuarto lugar para Julio Cesar Neil.
En la categoría hasta cinco litros, la cosa fue mas peleada durante las dos series que se corrieron y de las cuales surgió el ganador por suma de tiempos.
Apenas iniciada la primer serie, el veterano piloto José Muñiz, al mando del Falcon con motor F 100 que alguna vez perteneció a Carmelo Galbato, tomo la delantera, seguido por los Torino de Willy Kank y Roberto Mazitelli, el Falcon de Thevenon y la modesta coupé Fiat 1500 de Costilla.
En la segunda vuelta, Thevenon daba cuenta de Mazitelli y trepaba al segundo lugar, detrás de Kank, que pudo aguantar hasta la vuelta cuatro, cuando cedió el lugar de escolta ante el avance arrollador del Falcon.
A esa altura de la carrera, el puntero era Muñiz, seguido por Thevenon a 9s y Kank a 35s, posiciones estas que no se modificarían hasta el final. En cuarto lugar llegó Mazitelli, quinto Lorenzo, sexto Osvaldo Flores, séptimo Cesar Mayeste, octavo Costilla, noveno Cabral, décimo Kapkovich y decimoprimero Castro.
En la segunda batería, Willy Kank tomó la punta de entrada, perseguido por Muñiz, Mazitelli, Lorenzo, Thevenon, Flores, Costilla y Mayeste.
En la segunda vuelta, Thevenon avanzaba dos lugares, para ubicarse tercero y comenzaba una veloz persecución de los punteros que le valdría, en la vuelta nueve, quedarse con el record de giro, en 1m52s. Sin embargo, el esfuerzo no alcanzaría para llegar a la punta y el de Río Gallegos debió conformarse con el tercer lugar en la serie que ganó Kank, seguido a 7s por Muñiz y a 11s por Thevenon.
En la suma de tiempos, la victoria final correspondió a José Muñiz, con el Falcon F100, seguido por Edgardo Thevenon, con un auto similar; Willy Kank y Roberto Mazitelli, con sendos Torino; Tim Lorenzo, con un Fairlane 57 y Héctor Costilla, con la Fiat 1500.
El 13 de abril, el TC 5000 vuelve a correr en Río Gallegos y Muñiz gana nuevamente, relegando otra vez al segundo lugar a Thevenon. Esta vez es tercero Mazitelli, cuarto Tim Lorenzo, quinto Esteban Kapkovich y sexto Cesar Mayeste, mientras Willy Kank, con problemas en el Torino quedaba a un costado del camino como observador de la carrera.
El 11 de mayo, el campeonato vino a definirse a Comodoro Rivadavia. El escenario, el viejo circuito de tierra del General San Martín que se despedía de la gente, ya que después de esta carrera sería cerrado para permitir el trabajo de las máquinas que comenzaron a trazar el nuevo autódromo.
Aquella tarde, todo le salió mal a Héctor Costilla que rompió su auto y debió resignarse a mirar como Rubén Calle se quedaba no solo con la carrera, sino también con el campeonato. Detrás del piloto de Trelew terminaron José Torres, “NN” y el modesto Renault 1093 de José Lorenzo.
En el TC 5000 todo estuvo extremadamente peleado. Willy Kank y José Muñiz definían mano a mano el título, aunque con alguna ventaja para el de Río Gallegos a quién le alcanzaba el segundo lugar para consagrarse campeón. A Kank, que ese día presentó una hermosa coupé Chevrolet 39 equipada con motor Tornado, solo le servía ganar y ver que pasaba con Muñiz.
Cuando la carrera se puso en marcha, apareció en punta el Falcon de Muñiz, perseguido muy de cerca por Kank y más atrás Mazitelli, Aristizabal, Flores, Iparraguirre, Calle y Lorenzo.
En la vuelta cinco, Muñiz cede ante la presión de Kank que toma la punta en la recta principal e inicia la escapada, mientras Osvaldo Flores se iba a boxes para abandonar la carrera.
Dos vueltas después, la carrera estaba definida, porque el hombre de Comodoro Rivadavia ya había hecho una luz de 14s que parecían imposibles de descontar. Lo único que quedaba por develar era si Roberto Mazitelli, con el Torino, podía darle alcance a Muñiz, que por cierto no respiraba muy tranquilo, apenas dos segundos adelante.
Pero las cosas no se dieron y aunque Willy Kank ganó con comodidad la carrera, con más de 28s de ventaja sobre Muñiz, el de Río Gallegos fue el campeón, porque logró mantener el segundo lugar pese al asedio de Mazitelli que terminó a escazos7s. Detrás de ellos, a 1m15s de la punta, Juan Iparraguirre, con el Chevy Rulo, a una vuelta José María Aristizabal, con la Liebre 1 ½ y a dos vueltas Tim Lorenzo, con el Fairlane 57.
El primer campeonato regional había concluido con títulos para Rubén Calle y José Muñiz. Nunca mas volvió a correrse aunque la integración de Comodoro Rivadavia y Río Gallegos, adecuada a las posibilidades de cada uno, se mantuvo por varios años y permitió magníficos espectáculos tanto en el general San Martín como en el autódromo de la capital santacruceña.

LA TRAGEDIA

El año 1968 fue positivo para el automovilismo de la región, particularmente porque la semilla de la integración entre Chubut y Santa Cruz comenzó a germinar y a abrir una puerta de esperanza y de futuro crecimiento para la actividad automovilística patagónica.
Todo arrancó el 10 de marzo en Puerto Madryn, con una carrera de Ford T que el Club Ferrocarril Patagónico organizó en el circuito Las Piedras y en la que ganó Oscar Ebene, seguido por Audelino Valdez, “Casualidad”, José Taso y Pocho Alcaraz.
Unos días después, el 31 de marzo, las categorías 850cc, más de 1600cc y Camionetas, se presentaron en Trelew, bajo la organización de la Asociación de Volantes Mar y Valle.
En la categoría menor fue victoria de Oscar Zhan, con un Gordini, a 79,940 km/h, seguido por “Tunquelen”, “Pata Pata” y Clemente Ruppel.
Entre los autos mas grandes del Turismo, aquel notable corredor de Trelew que fue Rubén Calle, mas conocido por su seudónimo de “Metaplomo”, le ganó a José Manuel, Oscar Ebene y Héctor Abait, corriendo a 90,299 km/h.
En las camionetas, todo quedó para Mario Piedrabuena quien a un promedio de 89,385 km/h dejó atrás a Mario Velazco, Hugo Bladilo, “El Ropero”, Américo Alvarez y “Viruta”.
Dos semanas después, el Turismo hasta 1600cc corrió en el circuito municipal de Río Gallegos y hasta allá fue el “Patón” Salas con su Fiat 1500 para terminar en el cuarto lugar de una carrera que ganó el local Oscar Hawkins.
Cuando el otoño del 68 comenzaba a ceder su lugar al frío invierno, el Auto Moto Club Comodoro Rivadavia convocó a las camionetas y a los compactos nacionales para una carrera a disputarse el 2 de junio en el circuito de tierra en el que se giraba al revés del actual.
Nada hacía predecir que aquella tarde gris se convertiría en negra cuando las camionetas salieron pista. De entrada, el Beto Rodríguez tomó la punta y mostró sus intenciones de quedarse con la carrera. Tras él, el resto, peleando cada centímetro de circuito por un lugar. Velazco, Peluso, Fara, Iparraguirre, Vukasavic, Botel...y entre todos ellos el sarmientino José Rodríguez.
De pronto la tragedia. El hombre de la ciudad de los lagos que pierde el control de su camioneta en la zona en bajada próxima a lo que hoy es la “curva de Mottino” y el vehículo, descontrolado se va fuera del circuito, despega del piso, vuela por el aire y se clava de punta, dando varios tumbos.
Corridas, desesperación y apuros para trasladar al herido hasta el Hospital Regional, pero todo es inútil, pocas horas después, cuando en el autódromo todavía la actividad no había finalizado, José Rodríguez dejó de existir y se convirtió en la primer víctima fatal del automovilismo en el General San Martín.
Entretanto, desconocedores del desenlace fatal, los hombres del volante continuaban con su programación.
Poco importó después el triunfo del Beto Rodríguez en las camionetas, seguido por Miguel Vukasavic, Gilberto Peluso, Mario Velazco, Jorge Fara, Juan Iparraguirre y Eduardo Botel o el de Willy Kank en los compactos, delante de Héctor Costilla, Mario Vernetti, Manuel Cavaco y “El Yagua”.
Un mes después, el 7 de Julio, la actividad automovilística se trasladó a Trelew. Benito Calvo ganó en 850cc y Mario Velazco en camionetas, donde el tano Vicente Giannotta alcanzó a subir al podio en el tercer lugar.
Entre los compactos nacionales, fue un gran triunfo de Manuel Cavaco, con el Chevrolet 400, ganándole al Torino del seudónimo “Cachivache”, al Peugeot 404 del tresarroyense Carlos Peurrevbix y al Valiant de “Martín Fierro”.
Sobre el final del mes de julio, ese gran “bon vivant” que fue Willy Kank, decidió ir a Bahía Blanca a participar de una carrera del Turismo Anexo J válida por el campeonato argentino, que reunió a la flor y nata del automovilismo del país. Lo del comodorense fue sencillamente espectacular al llevar su Torino hasta el segundo lugar final en la clase “D”, detrás del experimentado Alberto Rodríguez Larreta ,“Larry”.
Todavía en pleno invierno, el 17 de agosto, el autódromo General San Martín recibió a la categoría 850cc e improvisó un pequeño circuito para el retorno del karting, que llevaba varios años sin actividad.
En los chiquititos, ganó un hombre de Pico Truncado que algunos años después tendría relevancia en el automovilismo mayor: Juan Kissner, seguido por “Nube Gris”, Dionisio Illa e Isidro Alí.
En los 850cc, tras un atrayente duelo con Mottino, que promediando la carrera comenzó a retrasarse por algún problema mecánico, ganó Cesar Algarra con 8s2/5 de ventaja sobre “El Chaparral”, 57s sobre Mario Vernetti y 1m02s sobre el flaco Mottino.
La primavera comenzaba a entibiar el ambiente cuando el Auto Moto Club Comodoro Rivadavia lanzó un desafío novedoso: una carrera de largo aliento, con dos pilotos por auto. Un desafío interesante que llevó el nombre de “4 hs Naftas Astra”.
Fue una interesante carrera que arrancó a la una de la tarde convocando buena cantidad de público y un buen número de binomios.
A los 10 minutos de carrera, la punta la manejaba el Beto Rodríguez, que hacia pareja con Héctor Costilla, a bordo de un Fiat 1500, seguido por Osvaldo Flores, que corría con su hermano Oscar y por Julio Guerreiro, en dupla con Daporta.
Al cumplirse la primera hora de competencia, Rodríguez se detiene en boxes para el recambio de piloto y Flores aprovecha para tomar la punta, seguido por Guerreiro.
Sin embargo, cuando estos debieron detenerse, Héctor Costilla recuperó el liderazgo que consolidó a la hora y quince minutos de carrera cuando Oscar Flores, con el motor herido entró a boxes para no retornar a la carrera.
A la hora y media de marcha el que abandona la competencia es Julio Guerreiro por la rotura de una punta de eje en la zona del curvón, dejando segundo a Carlos Fernandez, que compartía el auto con Milan Lahuta.
Es precisamente Fernandez quien toma la delantera a las dos horas de carrera, cuando Costilla ingresa a boxes para entregar la máquina a Rodríguez, pero esta alegría les dura muy poco, porque diez minutos después el Beto recupera el liderazgo.
Cuando la carrera andaba por las tres horas y los pilotos ya habían recorrido sesenta vueltas al circuito, lideraban Costilla-Rodríguez con 34 segundos de ventaja sobre Fernandez-Lahuta , 2m 59s sobre Celentano-“HP” y 3m59s sobre Juan Carlos Pereyra-Serapio Fernandez.
Carlos Fernandez y Milan Lahuta, sin dudas, estaban dispuestos a dar batalla hasta el final, tanto es así que al cumplirse noventa vueltas, cuando las cuatro horas se aproximaban a su fin, se colocaban a apenas 4s de los punteros, calentando la carrera y creando incertidumbre sobre el resultado final. Sin embargo, sobre el final, inconvenientes mecánicos los retrasarían, dejando la victoria en manos de los hombres del Fiat 1500.
Aquellas “4hs Naftas Astra” fueron ganadas por Héctor Costilla y el Beto Rodríguez, tras 113 vueltas de carrera, con tres giros de ventaja sobre el Peugeot 404 de Mario Celentano y "“HP" y el Fiat 1500 de Serapio Fernandez y Juan Carlos Pereira, que terminaron terceros. Mas atrás, a once vueltas, terminaron la señora Encarnación de Costilla con “Coto”, con Fiat; a 12 vueltas Carlos Fernandez con Milan Lahuta con Peugeot; Severino Cuesta- Fernandez con un Cisitalia a 15 vueltas y Hugo Vecino con Juan José Kank, a bordo de un Fiat 600 a 22 vueltas de los ganadores.
Con las manos vacías se fueron Calderon-Heuchert, Boga-Paterson, González “Matraca” y Fabre-“NN”, que no lograron llegar al final.
El 17 de noviembre, en Trelew, Cesar Algarra volvió a ganar en 850cc, Rubén Calle doblego a Nino Violi en 1600cc, donde abandonó el Corcho Kank y Jorge Fara, corriendo a 87,170 km/h venció a Vicente Giannotta que terminó segundo en camionetas.
En la carrera de fondo, reservada a los compactos nacionales, Osvaldo Flores apabulló con el Torino y se trajo la victoria, dejando segundo a “Firulete”, tercero a José Manuel, cuarto a Santos Muniain, que ya corría con Torino, quinto a Nino Violi, sexto al Chevrolet 400 de Manuel Cavaco y séptimo a “El Vasco”.
En el mes de diciembre, el año se cerró en Santa Cruz, con una carrera corrida en Río Gallegos, el día 15 y otra en Puerto Deseado el 22.
En la ciudad capital, todo fue del local Edgardo Thevenon con un Falcon que dejó atrás al veterano José Muñiz, con un auto similar, a Vicente Edreira, con Torino; a Osvaldo Flores, con otro Toro; a Tim Lorenzo y al comodorense Willy Kank, que ese día estrenó una Chevy.
En Puerto Deseado, Willy ganó pero con el Torino a 115,328 km/h, seguido a 57s por Juan Iparraguirre, con un Chevrolet 400 y luego Roberto Mazitelli y Santos Muniain, ambos con Torino.
El año 1968 había terminado, con importantes indicios de recuperación para el automovilismo regional. Al año siguiente, dos hechos le darían enorme fuerza a la actividad: la creación de la FRAD Patagonia y la inauguración del fantástico autódromo pavimentado en Comodoro Rivadavia.

TERCERA VEZ A DESEADO

En el mes de diciembre de 1967, entre el 9 y el 11, la región volvió a vivir la magia de la Doble Puerto Deseado, sin sospechar que luego tendría que esperar una década para disfrutar una nueva edición de esta carrera.
Corrida en cuatro categorías, aquella Doble Puerto Deseado fue una de las más brillantes que se corrió. Repasemos los inscriptos.
En la categoría “A”: “Nube Gris”, “El Africano (Behr), “Beto”, Jorge Tano, Severino Cuesta, “Chivo Negro” y Mario Alvarado, todos con Fiat 600.
En la “B”: Roberto Salinas, Carlos Roca y Carlos Zambón con Renault Dauphine; “El Entrerriano” y Humberto Villanueva, con Gordini; Carlos Mottino y Raúl Favre, con Renault 1093; Juan Dachs y Cesar Zapata, con DKW; Antonio Calderón, con VW y Jorge Jensen, con De Carlo.
En la categoría “C”: Juan José Kank, Norman Williams, Juan Carlos Pereyra, Abraham Lahum, Julio Guerreiro, Selin Kesen, “El Gitano” y Oscar Flores, con Fiat 1500; Carlos Pereyra, Cesar Kesen, “HP” y Mario Celentano, con Peugeot 404 y Milan Lahuta con el Alfa Romeo.
Finalmente, en la categoría “D”: Osvaldo Flores, Juan Glesener, Carlos Fernandez, Hugo Bimboni, Willy Kank y Walter Cherniak, con Torino; Manuel Cavaco, “El Vasco”, “El Yagua”, Mario Vernetti, José Manuel, Miguel Goicochea y Gerónimo Saavedra, con Chevrolet 400; José Chamigo, Angel Marconi y Américo Díaz, con Rambler y Carlos Ortiz y Ramonin Fernandez, con Valiant. ¿Se podía pedir más?
Eran exactamente las tres de la tarde del 9 de diciembre cuando desde la alcaidía policial, en la ruta 3, el Fiat 600 número 2 de “Nube Gris” (¿Cómo sería su nombre?) se puso en marcha, dando inicio a la carrera que a intervalos de 30 segundos fue lanzando uno a uno los autos al camino.
Veinticuatro minutos después, el Torino número 336, de Walter Cherniak, era el ultimo en partir rumbo a Puerto Deseado, a donde se llegaba tras una neutralización de 30 minutos en Caleta Olivia.
A las 18h33m51s, el Fiat 1500 de Norman Williams fue el primero en entrar a Puerto Deseado y apenas 11 segundos después el Torino de Osvaldo Flores. Luego, Cesar Kesen, Lahuta, Corcho Kank, Cherniak, Glesener, Vernetti y el resto.
En el camino de ida habían quedado detenidos Tano, Alvarado, Jensen, Zapata, Zambón, Juan Carlos Pereyra, Guerreiro, Carlos Pereira, “El Gitano”, Celentano, Cavaco y Carlos Fernandez.
Cuando los cómputos oficiales se dieron a conocer, Osvaldo Flores aparecía como puntero absoluto de la carrera, tras ganar la etapa en 2h05m02s, seguido a 4m18s por Willy Kank, a 7m46s Mario Vernetti, a 10m26s Juan Glesener, a 12m11s Carlos Ortiz y a 14m34s Hugo Bimboni.
En la categoría “C” el líder era Cesar Kesen en 2h23m38s, segundo Norman Williams a 1m35s y luego Oscar Flores a 2m23s, Milan Lahuta a 2m28s y Selin Kesen a 3m48s.
En la “B” mandaba Carlos Mottino, quien completó el trayecto en 3h02m14s, aventajando por 4m47s a Raúl Favre, por 10m22s a Humberto Villanueva y por 21m27 a “El Entrerriano”.
En la categoría mas chica, el líder era “El Africano”, en 3h23m27 y una ventaja de 8m56s sobre Severino Cuesta, y 1h47m01s sobre “Nube Gris”.
Un día para trabajar en los autos en Puerto Deseado y el 11 de diciembre la etapa de regreso.
Willy Kank, sabía que en ese tramo debía echar el resto. Estaba a 4m18s de Flores y ambos Torino andaban muy parejos. ¿Cómo descontar? Acelerando sin piedad, con los dientes apretados y sin cometer errores.
Así salió Kank de Puerto Deseado y así se mantuvo durante todo el trayecto, luego de superar a Flores en el camino y dejarlo atrás.
El final, en Comodoro Rivadavia vio ganador de la etapa a Willy Kank, corriendo a 166,221 km/h de promedio y acumulando una ventaja de 5m02s sobre Osvaldo Flores, lo que le alcanzó para quedarse con el primer lugar en la clasificación general, por apenas 44 segundos.
La suma de tiempos de las dos etapas dijo que Willy Kank ganó la tercera edición de la Doble Puerto Deseado en 4h11m42s, seguido a 44 s por Osvaldo Flores, los dos con Torino; a 14m32s se ubicó Carlos Ortiz, con el Valiant y luego a 15m37s Juan Glesener, a 19m27s Hugo Bimboni, a 19m41s el Negro Vernetti, con el Chevrolet 400 y a 25m24s Ramonin Fernandez, con otro Valiant.
En la categoría “C”, tras una sensacional actuación en el segundo tramo, la general fue para el Alfa Romeo de Milan Lahuta en 4h44m18s a 148,088 km/h, segundo el ganador de la primera etapa, Norman Williams a 39s, tercero Cesar Kesen a 2m11s, cuarto Selin Kesen a 6m11s, quinto “HP” a 32m02s, sexto Oscar Flores a 51m20s y séptimo Corcho Kank a 55m01s.
En la “B”, el Renault 1093 preparado por Victorino Viegas y conducido por Carlos Mottino ganó con autoridad en 6h14m04s a 108,750 km/h con una luz de 10m53s sobre Humberto Villanueva, de 29m52s sobre “El Entrerriano”, de 1h08m43s sobre Raúl Favre que tuvo serios inconvenientes en el regreso y de 2h26m19s sobre Roberto Salinas.
Entre los Fiat 600, con un soberbio trabajo en el regreso, Severino Cuesta se quedó con la victoria corriendo a 106,147 km/h tras 8h26m29s de carrera y ganándole por 15m17s al Africano Behr y por 1h09m14s a “Nube Gris”.
Algunas dificultades y otras prioridades determinaron que el Auto Moto Club no organizara la Doble Puerto Deseado al año siguiente y en los sucesivos y hubiera que esperar hasta 1979 para la cuarta edición.

JUNTARSE PARA CRECER

En 1967, el desencanto ya se había apoderado de los comodorenses. El “boom” petrolero era apenas un recuerdo y la anulación de los contratos con las empresas extranjeras, decretada por el presidente Arturo Illia en 1963, mató para siempre una ilusión y puso a Comodoro Rivadavia de cara a una realidad poco antes inimaginable.
Aquel año, el hombre lograba la increíble hazaña de pisar la luna mientras la gente se asombraba mas que por el hecho en si mismo por la posibilidad de estar viéndolo en directo por televisión, en un alarde monumental del avance tecnológico.
También ese 1967 llegaban al país los pesos ley 18.188, enloqueciendo a todos en aquella tarea cotidiana de la conversión, agregando o quitando ceros a la moneda, mientras casi todos, “académicos” o no, nos alegrábamos con la consagración de Racing Club como campeón del mundo, luego de tres épicas batallas con el Celtic de Glasgow que culminaron en Montevideo con el antológico gol del “Chango” Cardenas.
El automovilismo argentino sufría un quiebre histórico que lo modificaría para siempre. El nuevo rumbo que había comenzado a señalar José Froilán González con el “Chevitu” y tibiamente habían seguido Ford, con los Falcon de Rodolfo de Alzaga y Atilio Viale del Carril y Chrysler, con el Valiant de Carlos Loeffel, se consolida en marzo del 67, cuando Héctor Luís Gradassi, con el debutante Torino de Oreste Berta arrasa en la Vuelta de San Pedro e inicia un lustro de dominio del producto de Industrias Kaiser Argentina.
Los autos compactos demostraban con contundencia, que eran el presente del automovilismo argentino y firmaban el acta de defunción de las “cupecitas”, que emprendían un glorioso retiro luego de escribir cuarenta memorables años de historia por las rutas del país.
Entretanto, en Comodoro Rivadavia, tras una asamblea general ordinaria, Juan Bautista Fernandez resultó electo presidente del Auto Moto Club, acompañado en la vice presidencia por Raúl Andrés Vilariño. Entre ambos, conducirían al grupo de gente que soñó y un par de años después concretó el sueño del gran autódromo.
En lo estrictamente deportivo, algunas carreras en la región servían para mantener viva la expectativa de la gente, alternándose el Anexo J, las Camionetas que empezaban a prender en el gusto de la gente, los Compactos Nacionales y alguna esporádica presentación del Ford T, que transitaba los últimos días de su existencia.
Así, el 6 de agosto de 1967, organizado por la Asociación de Volantes Mar y Valle
las Camionetas y el Anexo J hasta 1600cc corrieron en un circuito de tierra de 1.950 metros de extensión, en la ciudad de Trelew.
Entre los autos de turismo, la victoria fue para Benito Calvo, con Fiat 1500, seguido por los portuarios Oscar Ebene y Nino Violi.
En Camionetas, dos series, ganadas por Milan Lahuta y “El Califa” y una final que significó un gran triunfo de Vicente Giannotta, a 89,500 km/h de promedio, aventajando por 7s1/5 a Lahuta y dejando mas atrás a “El Califa”, Cacho Crespo, Omar Arabia, Saverio Collazo y José Manuel.
Dos meses después, pero esta vez en Rawson, en el circuito Mar y Río, de 8000 metros de extensión y con la organización del Centro Español, el Beto Rodríguez, con el Chevrolet 400, le ganaba por 14 segundos al Torino de Osvaldo Flores, en la categoría Compactos Nacionales, mientras en las Camionetas, Milan Lahuta doblegaba por 5 segundos a Omar Abdala y por 2m49s a Mario Velazco.
El 15 de octubre, don Américo Blanco Brid en Jaramillo, conseguía su victoria número no se cuantas en Ford T, al imponerse a Juan Carlos Loureiro, Enrique Koprowsky y Alberto Lorenz, cinco días antes de que desde Buenos Aires se pusiera en marcha el Gran Premio de Turismo que contó con una legión de chubutenses en su línea de partida.
Fue exactamente a las cero horas del 20 de octubre que la gran carrera se puso en marcha desde la sede del Automóvil Club Argentino, con destino a Villa Carlos Paz, punto final de la primera etapa.
Formando parte de la larga fila de automóviles que iniciaba la carrera, con el número 98, el Renault 1093 de la categoría “A”, conducido por el comodorense Joaquín Blanco, que finalmente no pudo ser de la partida; tres coupé Fiat 1500 de la categoría “B”, la número 239 del trelewense Benito Calvo y los comodorenses Héctor Costilla, con el 256 y Santos Muniaín, con el 312; un Peugeot 404 de la categoría “C”, con Selin Kesen al volante y el número 435 y con el 502, el Chevrolet 400 de la categoría “D”, tripulado por el piloto de Puerto Madryn, Pedro Sancha.
Al término del primer tramo, en Carlos Paz, Eduardo Rodríguez Canedo, con el Torino, era el puntero de la carrera, escoltado ,en soberbia actuación, a 9m30s, por Pedro Sancha que relegaba al tercer lugar al otro Torino de Mario Tarducci.
En la categoría “B”, Héctor Costilla se ubicaba sexto, a 9m19s del Lancia Fulvia de Juan Manuel Bordeu y en la “D”, Selin Kesen estaba 23° a 1h02m20s del poderoso Porsche del polaco Sovieslaw Zasada.
Tras el descanso, el 22 de octubre se corrió la difícil segunda etapa, entre Carlos Paz y San Juan, al término de la cual Rodríguez Canedo y Sancha mantuvieron sus posiciones y Gastón Perkins, con Torino, trepó al tercer lugar.
En la general de la “C”, seguía mandando Zasada, mientras Kesen ascendía al 15° puesto y en la “B” punteaba Cacho Fangio, con Lancia Fulvia, con Costilla ubicado en el quinto lugar, Benito Calvo 15° y Santos Muniain 33°.
El día 24, la etapa más dura del Gran Premio, el filtro de autos y pilotos: desde San Juan a Catamarca. Curva tras curva. Acelerar, frenar y doblar, para volver a acelerar, frenar y doblar. Exigencia sin límites para frenos, cubiertas, cajas de velocidad y resistencia humana.
El “Chino” Canedo no aflojaba y se mantenía firme en la punta de la carrera, pero Sancha no era menos y se persistía en la persecución, en un trabajo que a esa altura ya había ganado el reconocimiento general.
Mientras tanto, Carlos Reutemann, con la coupé Fiat se adueñaba de la punta de la categoría “B”, noveno venía Costilla y Muniain ascendía al 18° lugar. En algún lugar de la cordillera catamarqueña, masticando bronca, había quedado trunca la ilusión de Benito Calvo.
En la “C”, Carlos Ballbé, con el BMW le arrebató la etapa a Zasada pero no le alcanzó para desalojarlo del primer puesto en la general, mientras Kesen, que fue quinto en el tramo, ya se metía octavo en la carrera.
Desde Catamarca hasta Alta Gracia, la cuarta etapa, corrida el 26 de octubre. La que marcó el abandono de Santos Muniain y los ascensos de Costilla al octavo lugar y de Kesen al sexto, Mientras Rodríguez Canedo seguía manejando la carrera, siempre con Sancha detrás.
El 28 de octubre, el Gran Premio finalizó en Junín con victoria para Eduardo Rodríguez Canedo y un consagratorio lugar de escolta para el portuario Pedro Sancha, que con su Chevrolet 400 terminó a 17m20s del “Chino”.
En la categoría “C”, Sovieslaw Zasada y su Porsche se quedaron con todo, escoltados por los Peugeot 404 de Homero Luna y José Daporta y cumpliendo un excelente trabajo, en el noveno puesto final, a 4h45m, Selin Kesen y su Peugeot.
En la categoría “B”, la victoria final fue para Paco Mayorga, a bordo de la coupé Fiat, seguido por el Lancia Fulvia de Cacho Fangio y los Fiat de Mario Vesuri y Angel Di Nezio. Héctor Costilla, con Fiat, a 2h10m39s, ocupó un meritorio séptimo puesto final.

EL NUEVO CIRCUITO

En 1966, el Auto Moto Club Comodoro Rivadavia, tomó conciencia que el pequeño triángulo asfaltado del barrio Industrial ya no servía para la disputa de competencias. Angosto y demasiado corto, no cubría las exigencias del nuevo automovilismo que pedía espacio para desarrollar todo su potencial y albergar la creciente cantidad de autos con que contaban las carreras.
Así fue como la institución de la calle Belgrano encaró la construcción de un nuevo circuito, que pese a carecer de asfalto, se adaptaba a las necesidades del momento. Aquel trazado no difería demasiado del actual, aunque carecía de la viborita y tenía la particularidad de ser transitado en sentido inverso al de las agujas del reloj.
Hasta 1969 sería el lugar de cita obligado del automovilismo local, testigo de tardes memorables del deporte de los fierros, que por aquellos años no paraba de crecer.
El 17 de julio de 1966, el nuevo trazado fue escenario del Gran Premio Sesquicentenario, reservado para las categorías Standard hasta 1953 y Compactos Nacionales.
En la primera, siete inscriptos: José Florentino Menéndez, Alberto Rodríguez, Willy Kank, Carlos Knez, Héctor Costilla, Ramonin Fernández y José Batán.
En los compactos: “Patoruzu” Pacheco, Norino Ardura, “El Lusitano” (Victorino Viegas), Miguel Paincho, Juan Carlos Parisi, Juan Carlos Kristiansen, José Lizuli, Enrique Varone, José Salvador y Héctor Parreira, mas conocido a través de su trabajo en Canal 9 como Juan Carlos Negri.
Willy Kank, con el Chevrolet 53, fue el ganador de la categoría Standard 4200cc y Pacheco, con un Chevrolet 400, se impuso en los compactos, escoltado por Victorino Viegas, con Valiant y Juan Carlos Negri, con Chevrolet 400.
Un mes después, el 15 de agosto, se corrió en el circuito El Triángulo, de Trelew, el Gran Premio General San Martín, organizado por la joven Asociación de Volantes Mar y Valle.
Fue victoria para el local, Mario Piedrabuena, seguido por David Kresteff y el comodorense Willy Kank. El resto de los pilotos de Comodoro Rivadavia no tuvieron fortuna y debieron abandonar. Así fue como quedaron al costado del camino, Florentino Menéndez, Osvaldo Flores y Carlos Knez.
Llegado el mes de octubre, se vivió un hecho poco frecuente en el automovilismo regional: cuatro pilotos del Chubut tomaron parte del Gran Premio Internacional de Turismo. Pedro Sancha, de Puerto Madryn, con un Chevrolet 400 y los comodorenses Joaquín Blanco, con Isard 700 y Selin Kesen y Héctor Costilla, con sendos Fíat 1500.
Fue este, quizás, el mas fantástico de los grandes premios de turismo que se haya corrido, con 414 autos largando desde Pilar, para desandar un camino de 4.185 kilómetros, en seis etapas.
Los elogios del primer tramo, corrido hasta Carlos Paz, fueron para Pedro Sancha, quien, cumpliendo una actuación memorable, se ubicó segundo en la general, detrás del BMW de Carlos Ballbé.
En la segunda etapa, entre Carlos Paz y San Juan, brilló Héctor Costilla, quien largando desde muy atrás superó gran cantidad de autos para terminar séptimo en su categoría. Sancha, con problemas mecánicos, descendió hasta el 33° lugar y Kesen y Blanco se mantenían expectantes.
Cuando la cuarta etapa llegó a su fin, en Tucumán, los pilotos de nuestra provincia que quedaban en carrera, no desentonaban para nada. Joaquín Blanco era 13° en su categoría, a 3h40m del puntero, Rogelio Scaramella y Selin Kesen se ubicaba 16° a 4h06m49s del líder, Alberto Rodríguez Larreta (Larry).
En ese tramo se apagaron las esperanzas de Pedro Sancha y Héctor Costilla, que debieron abandonar con insalvables problemas mecánicos.
Fue en la exigente quinta etapa, entre Tucumán y La Falda, cuando el Isard 700 de Joaquín Blanco no quiso mas y dejó al piloto de a pie y a Selin Kesen como único sobreviviente de estas tierras en el duro desafío de dar la vuelta.
En el ultimo tramo, entre La Falda y Buenos Aires, lo mas notable de Kesen, quien ocupó el quinto lugar en su categoría y trepó hasta el sexto lugar en la clasificación general final, cumpliendo una actuación que por mucho tiempo sería recordada en Comodoro Rivadavia.
La general de aquel Gran Premio la ganó el cordobés Oscar Cabalen, con el Ford Mustang, seguido por José Migliore, con Peugeot 404. Por categorías, Rogelio Scaramella (De Carlo 700) ganó en la A; Danilo Bonamicci (Renault 1093) en la B y Eduardo Rodríguez Canedo (Fíat 1500) en la C.